Jordi Rosell lo mismo te dirigía un Operación Triunfo o un Benidorm Fest que un programa pequeño que convertía en inmenso. Su experiencia en la tele venía desde aquella resaca de la creatividad de los años ochenta donde el audiovisual se permitía pensar en grande y donde la autoría de marcaba la diferencia. Sigue sucediendo, aunque la prisa haya ido homogeneizando la televisión.. Jordi Rosell venía de allí. Y ahí había aprendido lo que quería ser y lo que no. En unos entornos donde la competitividad tantas veces arrasa con el aplomo que permite tomar decisiones con perspectiva, Rosell sacaba su sonrisa de curiosidad que te cazaba al vuelo y despertaba toda la tranquilidad de la complicidad. Así se convirtió en un director infalible para ordenar ideas con visión televisiva y coordinar equipos con talante humano.. Porque su talento no solo era conseguir que un programa saliera bien, sino que quienes trabajaban con él también salieran mejores. Tenía esa virtud, muy poco habitual en este mundillo de egos: enseñaba sin imponer, controlaba permitiéndose confiar y era jefe huyendo de la autoridad mal entendida. Prefería la escucha activa a la condescendencia que juzga.. Un maestro de la tele. Y no es un eufemismo bonito. Recuerdo intentar colarme en sus clases en el Master de Programas de Entretenimiento de Gestmusic antes de que me tocara impartir a mi. Me quedaba al lado de la puerta, de puntillas, aprendiendo cómo explicaba con la pedagogía de la serenidad hasta cómo fallaba el sonido en una final de OT, la de 2017. Pero, a la vez, relativizaba el problema porque solo era un programa de televisión, donde de la errata suele nacer la autenticidad. Solo hay que seguir para delante. Aunque sea a capela.. En aquel OT 2017, Tinet Rubira convenció a Rosell para que trabajara de nuevo a tiempo completo en la productora Gestmusic. Lo que podía ser el regreso de un programa que malograra el recuerdo de un formato icónico se transformó en un acontecimiento social, pues el talent show no paró de tomar decisiones que supieron leer el estado de ánimo de la sociedad. Jordi Rosell, de hecho, era un gran lector. Y se notaba en su forma de dirigir. Cuando volvió Gestmusic y cuando volvió a coger vuelo. Porque cuando nos encontrábamos por pasillos de la tele o la Universidad siempre me recordaba que él era un alma libre que necesitaba ir y venir. E iba y venía de productora en productora, de canal en canal, como director que nunca fallaba.. Ver el nombre de Jordi Rosell en los títulos de crédito de cualquier retransmisión aseguraba una estructura de programa. Aunque la producción fuera a contrarreloj. Porque, con su psicología, era capaz de convertir un caos en una reunión. Sabía que la tele es trabajo en equipo, donde cada uno pone una pieza y el puzle funciona comprendiendo el aporte de cada mirada. Jordi Rosell ha fallecido a los 63 años justo el día en el que la televisión en España cumplía 70 años. Casualidad metafórica para un trabajador del oficio de la tele que nos hizo querer tanto la tele. Un realizador, director y autor que entendió todo lo importante y todo lo circunstancial de este medio de comunicación. Así su legado no solo son los programas que comandó, sino también las personas que aprendieron a crear televisión a su lado. Televisión que congrega empezando por el propio equipo que la piensa. Porque la tele, como la vida, es congregación, es «solo no puedes, con amigos sí». Descanse en Paz.
Director de tantos programas, de ‘OT 2017’ al ‘Benidorm Fest’
Jordi Rosell lo mismo te dirigía un Operación Triunfo o un Benidorm Fest que un programa pequeño que convertía en inmenso. Su experiencia en la tele venía desde aquella resaca de la creatividad de los años ochenta donde el audiovisual se permitía pensar en grande y donde la autoría de marcaba la diferencia. Sigue sucediendo, aunque la prisa haya ido homogeneizando la televisión.. Jordi Rosell venía de allí. Y ahí había aprendido lo que quería ser y lo que no. En unos entornos donde la competitividad tantas veces arrasa con el aplomo que permite tomar decisiones con perspectiva, Rosell sacaba su sonrisa de curiosidad que te cazaba al vuelo y despertaba toda la tranquilidad de la complicidad. Así se convirtió en un director infalible para ordenar ideas con visión televisiva y coordinar equipos con talante humano.. Porque su talento no solo era conseguir que un programa saliera bien, sino que quienes trabajaban con él también salieran mejores. Tenía esa virtud, muy poco habitual en este mundillo de egos: enseñaba sin imponer, controlaba permitiéndose confiar y era jefe huyendo de la autoridad mal entendida. Prefería la escucha activa a la condescendencia que juzga.. Un maestro de la tele. Y no es un eufemismo bonito. Recuerdo intentar colarme en sus clases en el Master de Programas de Entretenimiento de Gestmusic antes de que me tocara impartir a mi. Me quedaba al lado de la puerta, de puntillas, aprendiendo cómo explicaba con la pedagogía de la serenidad hasta cómo fallaba el sonido en una final de OT, la de 2017. Pero, a la vez, relativizaba el problema porque solo era un programa de televisión, donde de la errata suele nacer la autenticidad. Solo hay que seguir para delante. Aunque sea a capela.. En aquel OT 2017, Tinet Rubira convenció a Rosell para que trabajara de nuevo a tiempo completo en la productora Gestmusic. Lo que podía ser el regreso de un programa que malograra el recuerdo de un formato icónico se transformó en un acontecimiento social, pues el talent show no paró de tomar decisiones que supieron leer el estado de ánimo de la sociedad. Jordi Rosell, de hecho, era un gran lector. Y se notaba en su forma de dirigir. Cuando volvió Gestmusic y cuando volvió a coger vuelo. Porque cuando nos encontrábamos por pasillos de la tele o la Universidad siempre me recordaba que él era un alma libre que necesitaba ir y venir. E iba y venía de productora en productora, de canal en canal, como director que nunca fallaba.. Ver el nombre de Jordi Rosell en los títulos de crédito de cualquier retransmisión aseguraba una estructura de programa. Aunque la producción fuera a contrarreloj. Porque, con su psicología, era capaz de convertir un caos en una reunión. Sabía que la tele es trabajo en equipo, donde cada uno pone una pieza y el puzle funciona comprendiendo el aporte de cada mirada. Jordi Rosell ha fallecido a los 63 años justo el día en el que la televisión en España cumplía 70 años. Casualidad metafórica para un trabajador del oficio de la tele que nos hizo querer tanto la tele. Un realizador, director y autor que entendió todo lo importante y todo lo circunstancial de este medio de comunicación. Así su legado no solo son los programas que comandó, sino también las personas que aprendieron a crear televisión a su lado. Televisión que congrega empezando por el propio equipo que la piensa. Porque la tele, como la vida, es congregación, es «solo no puedes, con amigos sí». Descanse en Paz.
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