Hay una palabra en la que casi siempre pensamos con cierta distancia: testamento. La asociamos a la despedida, a lo material, a lo que se deja atrás. Pero el testamento también puede ser otra cosa: una forma de decir “sigo aquí”, incluso cuando ya no estemos. Una manera de que las causas que nos importaron en vida sigan teniendo quien las defienda.. Seguir leyendo
Hay personas que, incluso después de morir, siguen ayudando a otras. El testamento solidario permite que una organización sin ánimo de lucro se convierta en heredera —o en una de ellas— para que su labor no se detenga nunca. En el caso de Amnistía Internacional, ese gesto se traduce en la defensa de los derechos humanos en lugares como Gaza, Ucrania, Irán, Estados Unidos o Sudán. Y también en España
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Hay una palabra en la que casi siempre pensamos con cierta distancia: testamento. La asociamos a la despedida, a lo material, a lo que se deja atrás. Pero el testamento también puede ser otra cosa: una forma de decir “sigo aquí”, incluso cuando ya no estemos. Una manera de que las causas que nos importaron en vida sigan teniendo quien las defienda.. Legalmente, es el documento en el que una persona decide qué hacer con sus bienes y asuntos para después de su muerte. Pero puede ser mucho más: legar la posibilidad de que su compromiso social siga cambiando la vida de otras personas. Es lo que se conoce como testamento solidario: la decisión de incluir a una organización, como Amnistía Internacional, entre quienes heredan. Puede ser toda la herencia, o solo una parte: un inmueble, una cantidad de dinero, un porcentaje del patrimonio. Sea cual sea la cantidad, ese gesto sigue ayudando mucho después de haberse marchado.. En Amnistía Internacional, esos recursos se convierten en algo muy concreto: en campañas para proteger a personas que están en riesgo, en denuncias de violaciones de derechos humanos, en presión para que la pena de muerte no exista en ningún lugar del mundo, en investigaciones sobre el terreno en países en conflicto, en promover cambios legislativos frente a las injusticias que sufren miles de personas en todo el planeta.. Investigar y documentar la verdad, incluso en medio del caos, es el primer paso para combatir la impunidad. Donatella Rovera, investigadora en conflictos. Sobre el terreno, ese trabajo tiene nombre propio. Donatella Rovera lleva años documentando conflictos como los de Yemen, Gaza, Siria, Ucrania o Sudán, entre otros lugares donde el sufrimiento rara vez tiene cámaras delante. “Cada imagen, cada testimonio, puede ser una pieza clave para demostrar lo que muchos gobiernos intentan ocultar”, explica. “Investigar y documentar la verdad, incluso, en medio del caos es el primer paso para combatir la impunidad”.. Un compromiso que continúa. Los motivos por los que alguien decide dejar parte de su herencia a una ONG son tan distintos como las propias personas. Algunas quieren que su convicción no se apague con ellas. Otras no tienen descendencia directa a quien dejar su herencia. Pero, en el fondo, todas comparten algo: la certeza de que su gesto va a seguir ayudando a alguien, mucho después de que ellas ya no puedan hacerlo.. Ese compromiso con los derechos humanos fue lo que inspiró a Magdalena Fernández, socia y activista madrileña, que decidió dejar una parte de su herencia a Amnistía Internacional. “Creo que esta forma de ayudar es muy útil a la organización”, sostiene.. Magdalena Fernández, socia y activista madrileña, decidió dejar una parte de su herencia a Amnistía Internacional.Amnistía Internacional. “Cuando yo ya no esté, el trabajo por los derechos humanos se seguirá haciendo con mi ayuda”. Magdalena Fernández, socia y activista de Amnistía Internacional. Coincide con el lucense Carlos Fernández, para quien el testamento es también una forma de que su activismo no termine nunca del todo: “He tenido el privilegio de conocer a personas defensoras de los derechos humanos, a víctimas de la tortura por cuyos casos habíamos trabajado, que quedaron en libertad o cuya situación mejoró gracias a nuestro trabajo”, reflexiona.. Ese compromiso, el de Magdalena, el de Carlos y el de tantas otras personas, viaja muy lejos. Amnistía ha documentado violaciones de derechos humanos en zonas como Yemen, Nigeria, Irak, Siria, Líbano, Libia, Ucrania, Argelia, Sudán, Oriente Medio, Gaza, Costa de Marfil, el norte de África o la República Centroafricana, entre otras. Y detrás de cada informe, de cada campaña, hay siempre personas con nombres y apellidos.. He tenido el privilegio de conocer a personas defensoras de los derechos humanos, a víctimas de la tortura por cuyos casos habíamos trabajado, que quedaron en libertad o cuya situación mejoró gracias a nuestro trabajo. Carlos Fernández, activista. Como Sonia Dahmani, abogada tunecina que fue encarcelada por defender la libertad de expresión, que todavía tiene pendientes otros procesos judiciales. Como Jani Silva, defensora ambiental en Colombia, amenazada —incluso de muerte— por plantar cara a las multinacionales extractivas y a los grupos armados y paramilitares. Como Matiullah Wesa, detenido siete meses por los talibanes en Afganistán por defender el derecho de las niñas a ir a la escuela. O como Bernardo Caal Xol, encarcelado en Guatemala por defender a las comunidades afectadas por un proyecto hidroeléctrico.. Carlos Fernández, cuarto por la izquierda en la fila de atrás, junto al defensor de derechos humanos, Weja Chicampo.Sofía Moro. Fórmulas para hacer un testamento solidario. Formalizar este testamento solidario es más sencillo de lo que parece. Basta con pedir cita en una notaría. Eso sí, conviene evitar fórmulas ambiguas: identificar bien a la organización beneficiaria y comprobar sus datos, para que, muchos años después, se pueda cumplir exactamente la voluntad expresada. Y si surgen dudas, siempre hay alguien en la organización dispuesto a resolverlas.. El resto es solo cuestión de trámite: la notaría se encarga de guardar una copia del testamento y de entregar al menos otra a quien lo firma. Es recomendable avisar a la organización y, si se quiere, contárselo a alguien de confianza. Y, por si sirve de tranquilidad, el testamento se puede cambiar tantas veces como se desee a lo largo de la vida: siempre prevalecerá el último que se haya hecho.. Para hacerse una idea de lo que significa este gesto, un ejemplo: con 34.000€ se puede cubrir una misión de investigación en el terreno de dos conflictos distintos, con todos los gastos que implica —desplazamiento, alojamiento, seguridad, comunicaciones— para que quienes investigan puedan seguir haciendo su trabajo. A eso se suman las labores de comunicación, cabildeo y presión ciudadana, entre otras: todo lo que hace posible que la defensa de los derechos humanos no se detenga, ni ahora ni en el futuro.. Un testamento solidario es eso: la certeza de que, aunque una vida termine, la lucha por la dignidad de otras no tiene por qué hacerlo.
