El español afronta su primer Tour como líder del Lidl-Trek con filosofía renovada y la mira en el podio de París: «Esa es la ambición». Leer
El español afronta su primer Tour como líder del Lidl-Trek con filosofía renovada y la mira en el podio de París: «Esa es la ambición». Leer
El nuevo Juan Ayuso pasea con el pelo alborotado por el hotel de concentración del Lidl-Trek en Granollers, irradiando un aura de felicidad que parecía olvidada en él. «Es el primer Tour en el que voy a disfrutar con tranquilidad», admite como si el pasado fueran grises nubarrones, aunque sólo vaya a cumplir en septiembre 24 años. El nuevo Juan Ayuso, cuenta Aleix Espargaró, su compinche de fatigas en la altitud Andorra junto a Carlos Verona, ya no entrena solo. Ahora hace grupeta, comparte stories en redes, se intenta desprender de una máscara. «Es que puede parecer soberbio, porque tiene ego, es un gallo y piensa que puede ser el mejor del mundo», admite el ex piloto de MotoGP.El nuevo Juan Ayuso afronta su segundo Tour, su sexta Gran Vuelta. Alejado del UAE -«allí no estaba en su salsa, no era feliz»- y de la sombra de Pogacar, tiene a su disposición un auténtico equipazo y, salvando a Del Toro, quizá mejor gregario para la montaña que ninguno de los otros favoritos. Fuera polémicas pretéritas, Mattias Skjelmose, despeja, rotundo: «No compartimos el liderazgo. Juan es el líder. Yo seré su respaldo en caso de que le ocurra algo. Mi trabajo es mantenerme lo más adelante posible trabajar para él cuando sea necesario».Porque Juan mira, irremediablemente, al podio. «Es un objetivo ambicioso, pero realista», pronuncia, consciente de que hay dos rivales por encima del resto y, después, una terna (el precoz Seixas, Lipowitz, Evenepoel, el propio Del Toro), en la que él está incluido, que luchará por unas migajas que no lo son tanto en estos tiempos de tiranos, de Pogacar y Vingegaard. «No va a estar contento con menos de un podio», refrenda Espargaró. Pero, antes de París está la montaña de Montjuïc como aperitivo, una contrarreloj por equipos en la que, por qué no, Ayuso podría acabar de amarillo, «el sueño de cualquier niño».Anhelos de grandeza, pero consciente el renacido Ayuso de que antes tiene que regatear a esa fatalidad que parece que últimamente le persigue. El abandono en el Giro, la caída a comienzo de año en la París-Niza 70 km/h «porque había aceite en la carretera». La gripe hace unos días en el Tour Auvergne-Rhône-Alpes, a pesar de la cual, acabó tercero. «Cuando te pasan estas cosas piensas: ‘Joder, porque otra vez a mí’. Pero, por otro lado, también creo que al final todo es un proceso. Esto no es un camino de rosas y cuando llegan los buenos momentos se valoran mucho más. Espero que esté este julio sea un buen momento y pueda valorar todos los malos tragos que he tenido. Cada vez disfruto más el proceso, porque el resultado no lo puedes controlar y entonces tu felicidad no puede depender tanto de lo que pase en una carrera. Hay que encontrarla, dando la mejor visión de ti mismo cada día. Esa es mi filosofía ahora», responde a EL MUNDO.El nuevo Ayuso relativiza, juguetea con las expectativas y con la presión, una pareja que siempre le acompañó desde niño, pero sin deja
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