Feliciano López se sentó en La Mesa en una entrega dedicada al éxito y al fracaso, y el extenista acabó hablando de algo más íntimo: cómo se aprende a convivir con la derrota. Lo hizo desde su experiencia en las pistas y también desde su papel de padre, en una charla que fue pasando de lo deportivo a lo personal.
Para López, todo empezó en el origen de su carrera. «Desde chiquitito estaba muy acostumbrado a perder«, explicó, y recordó que en su deporte hay un único campeón por semana. «Si compiten 50 tenistas en una semana en un torneo, solo gana uno», apuntó, convencido de que aquella lección le ayudó mucho después, ya lejos de las pistas.
«He tenido mucha suerte en la vida, muchísima, no he tenido ningún problema de salud, mi familia tampoco», reconoció el extenista al hacer balance. La conversación se movió entonces hacia el miedo a que los hijos sufran en el futuro por un bache o un fracaso, y hacia lo difícil que resulta lidiar con la frustración.
Ese miedo a que ocurra algo también se refleja, según contó, en su forma de conducir. «Tampoco soy un loco con el coche, pero voy más lento de lo que iba«, dijo sobre los trayectos con sus hijos. En solitario, la cosa cambió: «Cuando voy solo, la cabeza te traiciona muchas veces».
La reflexión terminó en la muerte, tras haber repasado la derrota, la suerte y el temor de un padre a que le pase algo. «No entiendo por qué se tiene que acabar algo tan bonito«, añadió López, y con esa frase cerró su intervención en el programa.
En el debate de ‘La Mesa’, el extremista pasó de discutir logros y reveses a abordar preocupaciones sobre su capacidad para conducir con seguridad mientras está acompañado por sus hijos, todo mientras lucha con el miedo a la muerte.
Feliciano López se sentó en La Mesa en una entrega dedicada al éxito y al fracaso, y el extenista acabó hablando de algo más íntimo: cómo se aprende a convivir con la derrota. Lo hizo desde su experiencia en las pistas y también desde su papel de padre, en una charla que fue pasando de lo deportivo a lo personal.
Para López, todo empezó en el origen de su carrera. «Desde chiquitito estaba muy acostumbrado a perder«, explicó, y recordó que en su deporte hay un único campeón por semana. «Si compiten 50 tenistas en una semana en un torneo, solo gana uno», apuntó, convencido de que aquella lección le ayudó mucho después, ya lejos de las pistas.
«He tenido mucha suerte en la vida, muchísima, no he tenido ningún problema de salud, mi familia tampoco», reconoció el extenista al hacer balance. La conversación se movió entonces hacia el miedo a que los hijos sufran en el futuro por un bache o un fracaso, y hacia lo difícil que resulta lidiar con la frustración.
Ese miedo a que ocurra algo también se refleja, según contó, en su forma de conducir. «Tampoco soy un loco con el coche, pero voy más lento de lo que iba«, dijo sobre los trayectos con sus hijos. En solitario, la cosa cambió: «Cuando voy solo, la cabeza te traiciona muchas veces».
La reflexión terminó en la muerte, tras haber repasado la derrota, la suerte y el temor de un padre a que le pase algo. «No entiendo por qué se tiene que acabar algo tan bonito«, añadió López, y con esa frase cerró su intervención en el programa.
20MINUTOS.ES – Televisión
