The far left has paid dearly for their loyalty to Sánchez, for being perceived as a mere pawn. «It’s not the only reason for its downfall, but it certainly has contributed to it» Read
Audio generado con IA
Se suele decir que la España política está dividida en dos «bloques», pero quizá deberíamos hablar de dos coaliciones. Sí, hay sendos grupos de partidos que se consideran irreconciliables con los del otro bando (PSOE-FA-Podemos y los nacionalistas no cooperarían con PP-Vox-UPN, y viceversa), pero lo fundamental es que los partidos de cada grupo están dispuestos a gobernar conjuntamente. Y esto no es algo que se deba dar por hecho: gobernar con los partidos del propio «bloque» ha sido una de las grandes fuentes de tensión y debates en los últimos años.
Esta es la principal ventaja que cogió el PSOE frente al PP al inicio de la etapa sanchista. Fue capaz de ahormar una coalición -tanto en el Ejecutivo como en el Congreso- en la que la jerarquía y las cuotas de poder estuvieron muy claras desde el principio. Primero mandaba Sánchez, luego el resto del PSOE, luego los nacionalistas, y luego los ministros de Podemos/Sumar. Esa coalición fue muy criticada y también se ha probado poco fiable, pero ha dado para ocho años en la Moncloa. Y en el presupuesto.
El PP, en cambio, parece haber tardado mucho más en establecer algo parecido a una relación operativa con Vox. Y digo «parece» porque, en realidad, los dos partidos llevan colaborando desde enero de 2019, cuando el de Abascal apoyó la primera investidura de Juanma Moreno en Andalucía. Pero la impresión que se transmite es la contraria: que este vínculo, lejos de haberse probado ya en decenas de gobiernos autonómicos y municipales, está en perpetuo estado de construcción. Las candidaturas al Senado de las próximas generales son un buen ejemplo de esa asimetría: comparemos la naturalidad con la que PSOE y Frente Amplio han acordado ir juntos a la Cámara Alta, con el vaporoso «entendimiento» que Abascal ha propuesto al PP para hacer algo parecido. Las derechas parecen recorrer el mismo camino de las izquierdas, pero van varios pasos por detrás.
Otra cosa es que debamos asumir que el destino de estas coaliciones sea funcionar de la misma manera. Que la estación de destino de PP y Vox deba ser, efectivamente, aquella a la que han llegado las izquierdas. Y aquí se percibe otra asimetría. La extrema izquierda ha pagado caro su seguidismo de Sánchez, el haber sido percibida como una mera muleta. No es la única razón de su hundimiento, pero desde luego ha contribuido a él. Y por esto asombra que redoblen la apuesta con tanta facilidad: pocas muestras más claras de su desorientación y falta de ideas.
Los votantes de la otra coalición, en cambio, lo ven de forma distinta. Vox crece en las encuestas pese a que, en términos prácticos, ha operado como muleta del PP cuando ha podido apoyar gobiernos de los populares. Incluso cuando se retiró de los gobiernos conjuntos, no dio el paso de apoyar mociones de censura. Y ese papel ruidosamente secundario se mantendrá: el horizonte para los de Abascal en un hipotético gobierno de las derechas es como socio menor de los de Feijóo. Los votantes, sin embargo, están premiando ese posicionamiento. Quizá es porque quieren cosas distintas que los votantes del otro lado. O quizá es porque la coalición seguirá pareciéndoles hipotética hasta el momento en el que se ponga a prueba de verdad: esto es, en el Gobierno.
España // elmundo
The far left has paid dearly for their loyalty to Sánchez, for being perceived as a mere pawn. «It’s not the only reason for its downfall, but it certainly has contributed to it» Read
