Convoca en la sede de la Fundación Pequeño Deseo en Madrid, un piso sin lujos en un barrio de lujo, frente por frente del parque de El Retiro, en cuyas estancias se apretuja una pequeña multitud de empleadas y voluntarias, todas mujeres, afanándose con los teléfonos y los portátiles para cumplir las ilusiones de niños con enfermedades gravísimas. Urra, patrono de la Fundación, ha querido hablar aquí, porque la fundación acaba de presentar un estudio sobre los efectos benéficos, y duraderos, de esas iniciativas en 8.000 menores. Cuando llega de la sesión de fotos, mucho más delgado de lo que recordaba, lo primero que hace es obsequiarme con una cajita de bombones y tres de sus 91 libros publicados. En el bolsillo de la solapa de su chaqueta, la varita de hada coronada por una estrella dorada, emblema de la fundación. Lo tiene todo pensado.. Seguir leyendo. HURRA, URRA. Javier Urra Portillo (Estella, Navarra, 69 años) irrumpió, entusiasta e hiperactivo, en la escena política, social y también mediática española cuando fue nombrado Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, el primero de España, por el entonces presidente madrileño. Alberto Ruiz Gallardón, en 1996. Aunque solo estuvo cinco años en el cargo, desde el que volvió a su plaza por oposición al Ministerio de Justicia como psicólogo de la Fiscalía de Menores, su nombre siguió, y sigue, asociado a la defensa de los derechos de los menores. Dedicado a la formación, la escritura y la gestión de varios centros privados de tratamiento a niños y adolescentes con problemas de comportamiento y salud mental, este doctor en Psicología y Ciencias de la Salud, y patrono de la Fundación Pequeño Deseo, acaba de anunciar que sufre un cáncer de mal pronóstico. Aunque ha reducido drásticamente su presencia pública en medios, sigue trabajando.
El primer Defensor del Menor, nombrado hace 30 años lleva toda su vida tratando con niños y jóvenes en situaciones críticas. Acaba de ser diagnosticado de cáncer con “muy mal pronóstico”. Sigue trabajando
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Convoca en la sede de la Fundación Pequeño Deseo en Madrid, un piso sin lujos en un barrio de lujo, frente por frente del parque de El Retiro, en cuyas estancias se apretuja una pequeña multitud de empleadas y voluntarias, todas mujeres, afanándose con los teléfonos y los portátiles para cumplir las ilusiones de niños con enfermedades gravísimas. Urra, patrono de la Fundación, ha querido hablar aquí, porque la fundación acaba de presentar un estudio sobre los efectos benéficos, y duraderos, de esas iniciativas en 8.000 menores. Cuando llega de la sesión de fotos, mucho más delgado de lo que recordaba, lo primero que hace es obsequiarme con una cajita de bombones y tres de sus 91 libros publicados. En el bolsillo de la solapa de su chaqueta, la varita de hada coronada por una estrella dorada, emblema de la fundación. Lo tiene todo pensado.. Pregunta. ¿Cómo se encuentra?. Respuesta. Bien de ánimo y fatal de salud. Físicamente, estoy muy mal. En 2001, la misma semana en que dejé de ser Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, escribí en el prólogo de uno de mis libros: “llevo una vida de infarto”, y efectivamente, me dio un infarto. Los médicos me dijeron que no podía trabajar como psicólogo en la Fiscalía del Menor. No me conocían. Desde entonces, he creado un equipo de varios centros y 139 personas que llevamos a niñas con trastornos de la alimentación, a chicos y chicas con diversos problemas, desde supervivientes de suicidio a adicciones. Así, que, en efecto, me dio otro infarto: otros tres stents. Y hace tres meses, una tos rara me llevó al hospital, y me diagnosticaron cáncer de pulmón. Un nódulo de más de nueve centímetros, no operable, con metástasis en zonas que afectan a vasos sanguíneos. Soy doctor en Psicología y Ciencias de la Salud. Sé lo que me puede esperar. ¿Que voy a morirme? Claro, pero, sin ser ningún iluso, tengo ilusión.. P. Como enfermo grave, ¿cuál sería su pequeño deseo, a los 69 años?. R. La madurez no se alcanza con la edad, sino con la humildad. Mira, yo tengo mucho dolor, pero no tengo un hijo, ni un nieto que tenga una leucemia. Los padres, los abuelos, los hermanos de los niños sufren: y es mucho más duro ese sufrimiento por un ser querido que el dolor propio, que lo puedes llevar tú y siempre se puede amortiguar con un analgésico, pero en el otro no puedes ayudar. Ese es mi pequeño deseo: el tú, el nosotros, no el yo. Una vez le pregunté a mi amigo Pedro Piqueras por qué siempre abrían los telediarios con malas noticias, y me dijo: “porque enganchan”. Este es mi pequeño deseo: que la buena noticia de que hemos hecho felices a 8.000 niños esté en la contra de EL PAÍS.. P. ¿Cómo le dio por especializarse en la atención a menores?. R. Mira, soy hijo único. Mis padres, para que no fuera absolutamente tonto, me llevaron a los siete años a un campamento. Soy un niño de campamento, sé lo que es compartir la cantimplora. A los 18, ya era jefe de campamento. Me gusta mandar, se me da bien, tengo liderazgo. Y quise aprovecharlo. Ya mayor, fui a un campamento de personas con discapacidad intelectual. Recuerdo a un chico, José María, con parálisis cerebral, ya fallecido, que tuvo un accidente y me meó encima. Me empapó. No fue agradable. Pero me puse en su piel, en lo que sentía él. Ahí me di cuenta de que la vida no es justa y quise contribuir a que lo fuera más.. P. Como perito de la Fiscalía del Menor, ¿usted ha visto lo mejor y lo peor de la infancia y la juventud?. R. Absolutamente. Aprobé las oposiciones del Ministerio de Justicia y mi primer destino fue Cuenca. El primer chico que nos llegó le había metido 14 veces un destornillador al guarda de seguridad del hotel Claridge de Madrid. Ese chico tenía relaciones incestuosas, gravísimas, completas, con su madre, y su padre lo fomentaba. ¿Qué hacemos con él? Recuerdo a un chico de Totana (Murcia) que robaba pañales para su hermano. Trabajamos con asesinos, violadores, cada caso es un mundo.. P. ¿Hay niños malos?. R. La maldad existe, y desde muy corta edad. Hay niños de cuatro años que ven a otro llorar y le consuelan, y otros que, si tienen un punzón, se lo clavan. Ahora bien, si me preguntas si hay asesinos natos, mi respuesta es no. Hay niños que llegan a cometer actos deleznables y se les quiere juzgar como adultos, y ahí es donde la sociedad se equivoca. Por eso hicimos la Ley de Responsabilidad del Menor. Yo he visto en el mismo día a un niño violador y a la niña violada. Por supuesto, siempre hemos estado al lado de la víctima, pero tenemos que ayudar a que el verdugo no lo vuelva a hacer.. P. ¿Qué le sugiere el acrónimo genérico MENA, aplicada, por ejemplo, a los niños migrantes que han llegado solos a Ceuta?. R. Que los niños no tienen ni banderas ni fronteras. Todo es muy complejo, pero España ha firmado la Convención de los Derechos de la Infancia, y no se pueden devolver sin saber que van a ser atendidos y queridos. Un niño no es un adulto futuro, es al revés: los adultos somos lo que queda del niño que fuimos, y por eso hay que cuidar mucho las etapas de la infancia. Mira, cuando yo empecé en la Fiscalía, en la que he trabajado 32 años, los chicos que nos llegaban eran de barrios y familias, digamos, marginales. Hoy tenemos muchos problemas con niños de estas calles finas que ves por la ventana.. P. ¿Qué problemas traen estos niños y niñas bien?. R. Son chicos que a veces se aburren. Que se meten en adicciones de pantallas porque no tienen con quien estar, que entran en páginas de fomento de la anorexia, por ejemplo, o en bandas o en sectas. Los 17.000 millones que ha pagado Meta, porque 29 fiscales americanos los han perseguido, es muchísimo dinero, pero para una empresa como la de Zuckerberg, es una minucia porque se sabía que estaba creando adicción en los niños. Naturalmente que hay niños cuyas características los hacen más proclives a ello. Y familias maravillosas. Hay de todo en todas partes.. P. Por edad, sus hijos no debieron de tener pantallas, pero ¿y sus nietos?. R. Mis hijos tienen más de 45 años, pero tengo dos nietos. Uno de ellos se llama Jorgito, tiene cuatro años y ahora, como estoy malito, paso mucho tiempo con él y lo que me pide es que le cuente historias. Si me lo llevo a pasear al Retiro es para ver pavos reales, no para darle una pantalla para que se entretenga.. P. El abuelo tiene tiempo, quizá muchos padres, no.. R. Cierto. Tampoco hay que culpabilizar a los padres. Lo intentan hacer bien. Y sufren mucha culpabilidad, también. Es un tema muy complejo. Pero te aseguro que hay padres que llegan al psicólogo en busca de un diagnóstico, como el TDAH, por ejemplo, para que les receten algo, cuando, a veces es más simple: sus hijos no están bien educados.. Urra, en el Parque del Retiro, en Madrid, con la varita de hada, símbolo de la Fundación Pequeño Deseo en la solapa.Bernardo Pérez. P. Usted es un personaje muy popular y mediático. ¿Cuánto le gusta un foco?. R. A mí ir a la tele me encanta. Porque los medios de comunicación, yendo bien de la mano, hacen una labor maravillosa. He escrito 91 libros, pero ¿quién me ha leído? Sin embargo, hay taxistas que no me cobran porque creen que he hecho bien mi trabajo, y ellos me han visto en la tele. Me di cuenta de que, si iba a hablar no de mí, en absoluto, sino de cosas justas, se consiguen cosas. Utilicé a los medios como Defensor del Menor y se consiguió desde, fíjate qué tontería, que los váteres públicos para niños tuvieran otra altura, o que hubiera zonas de juegos en el aeropuerto de Barajas, hasta otras cosas mucho más importantes.. P. ¿Cuándo se dio cuenta de su tirón?. R. Pronto. Al mismo tiempo que me di cuenta de que no puedo ligar en una discoteca. No sé bailar. Pero soy persuasivo y soy creíble porque siempre cuento la verdad. Y porque no me vendo.. P. ¿No teme que le diga que está haciendo negocios con sus centros privados?. R. Tengo una tranquilidad absoluta. Primero: nunca he vivido para el negocio. Sé que quien mejor va a comer hoy es quien coma mejor acompañado. Las clínicas son una asociación de la que, si me quieren echar, pueden hacerlo mañana. Te voy a contar una cosa: El otro día me fui conduciendo a uno de los centros: 69 kilómetros, simplemente por ver a los chicos. Lo hago porque creo en lo que hacemos, y porque los quiero mucho. Nunca he buscado dinero, y lo he tenido fácil.. P. Volvamos a su salud. ¿Tiene miedo?. A la muerte, no. A un dolor excesivo, sí. Mira, yo nací en Estella, Navarra, donde hay un lema que dice: “Vosotros sois lo que nosotros fuimos, y nosotros somos lo que vosotros seréis”. No sé si creo en Dios, quiero creer, tengo un afán religioso, espiritual. Yo ya tendría que estar jubilado…. P. ¿Y por qué no se jubila?. R. Porque hay niños y niñas más viejos que yo: les hemos robado la esperanza y mi pequeño deseo es devolvérsela. Hay niños sin ilusión, que no saben para qué vivir. Les estamos diciendo que es imposible comprar un piso, que es imposible trabajar. Mira, en nuestro centro tratamos a niñas anoréxicas suicidas. A veces, funciona convencer a esa niña de que nos tiene que ayudar a salvar a otras que pasen por su situación. Quiero levantarme mañana y hacer cosas, si puedo.. Javier Urra Portillo (Estella, Navarra, 69 años) irrumpió, entusiasta e hiperactivo, en la escena política, social y también mediática española cuando fue nombrado Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, el primero de España, por el entonces presidente madrileño. Alberto Ruiz Gallardón, en 1996. Aunque solo estuvo cinco años en el cargo, desde el que volvió a su plaza por oposición al Ministerio de Justicia como psicólogo de la Fiscalía de Menores, su nombre siguió, y sigue, asociado a la defensa de los derechos de los menores. Dedicado a la formación, la escritura y la gestión de varios centros privados de tratamiento a niños y adolescentes con problemas de comportamiento y salud mental, este doctor en Psicología y Ciencias de la Salud, y patrono de la Fundación Pequeño Deseo, acaba de anunciar que sufre un cáncer de mal pronóstico. Aunque ha reducido drásticamente su presencia pública en medios, sigue trabajando.
