Chenoa recibió en el albergue a una nueva familia adoptante formada por Mario, Rafa y Jenni. A Mario, el pequeño de la casa, le habían diagnosticado TDAH hacía poco, y sus padres confiaban en que la convivencia con un animal y las responsabilidades que trae consigo pudieran ayudarle.Tras analizar el caso, el staff de Dog House eligió para la familia a un mestizo de perro pastor. Miguel, del equipo del albergue, destacó el temperamento del animal: «Sabe cuándo es momento de jugar y cuándo es tiempo de descansar». El perrito había llegado abandonado y con una lesión en la cabeza del fémur.Su pasado había dejado huella en su forma de relacionarse, y el primer acercamiento con Mario no resultó nada sencillo. Ster se escondió tras un sofá nada más ver al niño, que insistía sin éxito para ganarse su confianza: «Soy bueno, ven…», repetía Mario con desesperación ante la reticencia del animal.Poco a poco, esa primera barrera terminó por romperse, y lo que empezó como un encuentro difícil acabó convertido en una complicidad que emocionó a todos los que siguieron la historia entre Mario y Ster.
Un mestizo de pastor con un pasado marcado por el abandono puso a prueba la paciencia de toda una familia en el albergue.
Chenoa recibió en el albergue a una nueva familia adoptante formada por Mario, Rafa y Jenni. A Mario, el pequeño de la casa, le habían diagnosticado TDAH hacía poco, y sus padres confiaban en que la convivencia con un animal y las responsabilidades que trae consigo pudieran ayudarle.Tras analizar el caso, el staff de Dog House eligió para la familia a un mestizo de perro pastor. Miguel, del equipo del albergue, destacó el temperamento del animal: «Sabe cuándo es momento de jugar y cuándo es tiempo de descansar». El perrito había llegado abandonado y con una lesión en la cabeza del fémur.Su pasado había dejado huella en su forma de relacionarse, y el primer acercamiento con Mario no resultó nada sencillo. Ster se escondió tras un sofá nada más ver al niño, que insistía sin éxito para ganarse su confianza: «Soy bueno, ven…», repetía Mario con desesperación ante la reticencia del animal.Poco a poco, esa primera barrera terminó por romperse, y lo que empezó como un encuentro difícil acabó convertido en una complicidad que emocionó a todos los que siguieron la historia entre Mario y Ster.
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