Hasta ahora se conocían por separado las distintas ayudas, pero no la factura conjunta de aquel enorme dispositivo de emergencia Leer
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Audio generado con IA. Alemania ya ha puesto cifra a la factura pública de la crisis energética que siguió a la invasión rusa de Ucrania y al corte de los suministros de gas de Moscú: 50.402,8 millones de euros. Es lo que gastó el Gobierno federal para aliviar el golpe a hogares y empresas y estabilizar los mercados energéticos cuando los precios del gas y la electricidad se dispararon y el país se vio obligado a sustituir a toda velocidad el suministro ruso.. La cifra figura en una respuesta del Ministerio de Finanzas a una pregunta parlamentaria del diputado de Los Verdes Sebastian Schäfer y reúne 27 medidas adoptadas durante la crisis. Hasta ahora se conocían por separado las distintas ayudas, pero no la factura conjunta de aquel enorme dispositivo de emergencia.. El mayor desembolso correspondió al freno al precio de la electricidad, que costó 16.300 millones de euros. El mecanismo, aprobado a finales de 2022, limitó a 40 céntimos por kilovatio hora el precio del 80% del consumo de los hogares. Otros 14.300 millones fueron destinados al freno al precio del gas, que durante 2023 fijó en 12 céntimos el kilovatio hora para una parte del consumo.. A esas cantidades se suman los 8.500 millones que costó la llamada ayuda inmediata de diciembre de 2022, cuando el Estado asumió durante un mes el anticipo de la factura de gas de los hogares. Más de 6.000 millones se destinaron además a una paga energética de 300 euros para los pensionistas, junto con otras ayudas a beneficiarios de vivienda y colectivos especialmente afectados por la subida de los precios.. Fue la respuesta a una situación que durante algunas semanas colocó a Alemania al borde de una emergencia energética. Tras atacar Ucrania, Rusia comenzó a reducir progresivamente el suministro de gas a Europa hasta interrumpir a finales de agosto de 2022 el flujo a través de Nord Stream 1. El precio del gas llegó a superar los 300 euros por megavatio hora y, al utilizarse también para producir electricidad, el encarecimiento se trasladó inmediatamente al mercado eléctrico.. La crisis dejó al descubierto hasta qué punto Alemania había construido durante años parte de su modelo económico sobre el gas ruso barato. Antes de la invasión, Rusia aportaba alrededor del 55% del gas importado por el país. No era una dependencia marginal: alimentaba hogares, centrales eléctricas y, sobre todo, una industria intensiva en energía que había convertido aquel suministro abundante y relativamente barato en una ventaja competitiva. Cuando Moscú cerró el grifo, Berlín tuvo que desmontar en pocos meses una relación energética construida durante décadas, buscar proveedores alternativos, acelerar la instalación de terminales de gas natural licuado y llenar los depósitos prácticamente a cualquier precio antes de la llegada del invierno.. El riesgo no era sólo que hogares y empresas no pudieran pagar sus facturas. Los grandes importadores de gas habían firmado contratos de suministro a largo plazo con sus clientes y, una vez desaparecido el gas ruso barato, tuvieron que comprarlo en el mercado internacional a precios mucho más altos sin poder trasladar inmediatamente ese sobrecoste. Uniper, el mayor importador alemán de gas ruso, quedó al borde de la quiebra y tuvo que ser rescatado por el Estado.. Fue en ese clima cuando el entonces canciller Olaf Scholz anunció a finales de septiembre de 2022 un gigantesco «escudo defensivo» de hasta 200.000 millones de euros. Lo bautizó como el «Doppel-Wumms», el doble golpe con el que pretendía proteger a la primera economía europea del shock energético. La cifra no era una previsión de gasto, sino el máximo que el Gobierno se autorizaba a movilizar mediante el Fondo de Estabilización Económica si la crisis llegaba al peor escenario.. Finalmente no hizo falta acercarse a ese techo. El fondo destinado a amortiguar la crisis energética se cerró al término de 2023 con obligaciones por unos 71.700 millones de euros, que fueron asumidas por el presupuesto federal. Los 50.400 millones que ahora detalla Finanzas corresponden a las medidas directamente destinadas a aliviar a los consumidores y estabilizar los mercados.. Y ni siquiera esa cantidad recoge toda la factura. La relación del Ministerio de Finanzas no contabiliza, por ejemplo, toda la pérdida de ingresos ocasionada por la rebaja temporal del IVA sobre el gas del 19% al 7%. Sólo para el Estado federal se calcularon entonces unos 3.300 millones de euros menos de recaudación, a los que se añadieron cerca de otros 3.000 millones para los Länder y los municipios.. Tampoco recoge íntegramente el sobrecoste que soportaron directamente los consumidores. Las ayudas amortiguaron la subida, pero no devolvieron los precios a los niveles anteriores a la guerra. Durante los primeros años, además, los propios clientes financiaron mediante un recargo parte del coste extraordinario de llenar los depósitos de gas.. Por eso Los Verdes hacen una cuenta todavía mayor. Schäfer y Robin Wagener, presidente del grupo parlamentario germano-ucraniano, elevan a 71.700 millones de euros el coste para Alemania de contener las consecuencias de lo que califican como el «ataque de Putin al suministro energético alemán». Su cálculo incorpora partidas que no figuran en los 50.400 millones del Ministerio de Finanzas, entre ellas la intervención del Estado para salvar Uniper.. La diferencia entre ambas cifras depende, por tanto, de qué se considere parte de la crisis energética: si sólo el desembolso que el Gobierno atribuye directamente a las medidas destinadas a aliviar a los consumidores y estabilizar los mercados o si, como sostienen Los Verdes, hay que ampliar el perímetro e incluir otras intervenciones del Estado.
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