El paro se sitúa en 2.355.918 de personas, la cifra más baja desde 2007, tras sumar 44.419 parados en agosto, la cifra más alta para este mes desde 2022 Leer
El paro se sitúa en 2.355.918 de personas, la cifra más baja desde 2007, tras sumar 44.419 parados en agosto, la cifra más alta para este mes desde 2022 Leer
Audio generado con IA. Según detalló ayer el Ejecutivo, el paro registrado ha subido en agosto en 44.419 personas en España, mientras que el país ha perdido 162.840 afiliados durante el mes. Ambos datos, apuntaron desde el Gobierno, se han visto afectados por la regularización extraordinaria que finalizó el 30 de junio: hay más parados porque muchas de estas personas ingresaron en el Sepe y la caída en las afiliaciones, que suele ser significativa en agosto, se moderó por este mismo motivo.. Este aumento de más de 44.000 personas en agosto supone un incremento del 1,92% respecto a junio. Si se compara con lo visto en agosto de otros años, la cifra de 2026 duplica las de los dos últimos años. 21.905 ciudadanos se apuntaron a la cola del paro en agosto de 2025, mientras que en 2024 fueron 21.884 y en 2023, 24.826. En 2022 la cifra fue igualmente inferior, aunque más cercana: 40.428 personas. Un año antes, en un 2021 en el que la economía aún se veía afectada por la pandemia y sus restricciones bajó en 82.583 personas.. El Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones desglosó junto a los datos de afiliaciones las comunidades autónomas en las que se habían dado de alta hasta el 31 de agosto los 337.917 afiliados extranjeros regularizados por este proceso. «La regularización tiene un efecto estadístico muy visible, pero detrás hay también un efecto económico real», contextualiza Francisco Rodríguez, catedrático de Economía de la UGR y director del Área Financiera y Digitalización de Funcas. «Personas que ya estaban en España y que en muchos casos ya trabajaban, aunque fuera en la economía informal, pasan a aparecer en las estadísticas laborales», detalla, lo que explica este fenómeno: «Unos trabajadores afloran directamente como cotizantes y otros, que antes ni siquiera podían participar plenamente en el mercado laboral formal, pasan a inscribirse como demandantes de empleo».. Así pues, los datos, como cabría esperar, coinciden: donde hay más altas también hay mayor número de personas sin empleo registradas en las Oficinas del Servicio Públicos de Empleo Estatal. «No sería correcto interpretar ese aumento del paro como un deterioro equivalente del mercado de trabajo; en parte estamos cambiando el perímetro de población que las estadísticas consiguen observar», ilustra Rodríguez. Y la equivalencia no es del todo exacta, ya que entran en juego otros factores como la estacionalidad de los datos de agosto, marcados por el turismo. Esto hace que determinadas ocupaciones o sectores, pero también zonas geográficas, se vean más afectadas. Así, si bien la Comunidad de Madrid lidera las afiliaciones con 64.815 (el 19,2% del total), ocupa la segunda posición en variación absoluta mensual en parados, con 6.168. Mientras, Cataluña es la segunda por afiliaciones (64.332, el 19%) y la primera en nuevos parados (14.083). El año pasado, con unos números inferiores, también Cataluña adelantó por mucho a la Comunidad de Madrid en esta variación: 7.942 personas frente 4.214.. Ocurre lo mismo en el siguiente escalón estadístico, ocupado por Andalucía y la Comunidad Valenciana. La primera ha sumado más afiliados (44.291, el 13,1%) y menos nuevos parados (2.886) que la segunda (39.830 afiliaciones, el 11,8% y 5.219 personas registradas en el Sepe).. «Desde el punto de vista económico, el balance inicial es positivo porque aflorar empleo supone más cotizaciones, mayor protección laboral y una reducción de la economía sumergida», celebra Rodríguez, «pero el verdadero reto empieza ahora». «Una regularización aumenta la oferta laboral formal, pero no garantiza por sí sola empleos productivos y estables», apunta el profesor.. Por lo tanto, «la cuestión es si nuestra economía es capaz de absorber esos trabajadores y facilitar su movilidad hacia sectores con escasez de mano de obra, evitando que queden concentrados en actividades de baja productividad, bajos salarios y elevada rotación». Para ello, considera que será importante «la formación, el reconocimiento de cualificaciones y la intermediación laboral». «Si esa integración funciona, el efecto puede ser positivo también sobre el crecimiento potencial y la sostenibilidad del sistema de pensiones; si no, habremos conseguido sobre todo formalizar una realidad que ya existía, pero sin mejorar suficientemente su productividad».
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