Dentro de la marea, en su mayoría de marroquíes, hay jóvenes con historias de guerra y persecución. Tres hermanos palestinos se reencuentran; dos afganos escapan de la «muerte» Leer
Los hermanos gazatíes Ahmed, Mohammed y Abdellah Zayda caminan por el bosque que rodea el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes de Ceuta (CETI) mientras cientos de varones magrebíes y subsaharianos tratan de construirse pequeñas chozas con cañas, ramas y plásticos. Decenas de personas más están tiradas sobre el asfalto, con los ropajes raídos y con los rostros cansados. Otros caminan de un lado a otro sin rumbo fijo. Hay varias mujeres, pero son minoría.Estos tres jóvenes palestinos que hablan con EL MUNDO también han llegado a nado a Ceuta a través de la playa que separa la ciudad autónoma española del país vecino, Marruecos. «Queremos pedir asilo político en España», dice Ahmed, el mayor de los tres hermanos.«Tengo a 427 personas por delante de mí. Mi número de registro es el 428», añade, mientras muestra el documento que Cruz Roja le ha entregado. Arriba, a la izquierda del papel que enseña, aparece ese número al que se refiere. Es su turno para acceder al CETI.«Me han dicho que espere cuatro días fuera, más o menos, y que entro. Mi hermano Mohamed entrará conmigo, a la vez». Ahmed, de 26 años, y Mohamed, de 18, llegaron hace dos semanas a nado desde una playa de Castillejos, el pueblo marroquí al otro lado de la frontera. Por esas fechas sólo se producía un goteo de nadadores que cruzaban por mar de manera irregular. 100, 200 al día… La gran oleada migratoria del pasado jueves, con más de 50.000 personas irrumpiendo en Ceuta con flotadores, aletas o neoprenos, aún era impensable.Ahmed y Mohamed tardaron ocho horas en alcanzar la playa del Tarajal, el tramo de costa de Ceuta más cercano al país vecino. «Necesitamos que España nos dé una oportunidad. Yo ya viví en Madrid, en 2017», dice Ahmed, el mayor de los hermanos Zayda.«Vivía en Fuenlabrada», añade. «Estuve jugando a fútbol unos meses en la academia del Atlético de Madrid. Luego, me fui a Alemania a seguir intentando ser futbolista, pero me expulsaron del país. Fue cuando mi madre, mis hermanos y yo llegamos a Tánger. Mi madre todavía sigue allí. Mi padre, en cambio, nunca pudo salir de Gaza. Vive bajo las bombas de Israel. Ahora nosotros no podemos volver allí. Gaza está arrasada».Horas antes de esa gran oleada migratoria del pasado jueves, Abdellah, el pequeño de los Zayda, salió de Tánger en busca de sus hermanos, que ya habían cruzado días atrás. Dentro de la marea, entró en Ceuta. La madre de Ahmed le llamó y le dijo que buscara a su hermano pequeño. «Menos mal que nos hemos reencontrado», cuentan los tres chicos, que se dejan fotografiar mostrando el pasaporte concedido por la Autoridad Nacional Palestina. Los jóvenes aseguran que tienen familiares directos en Fuenlabrada y en Marbella (Málaga). «Dos hermanas de mi madre viven allí. Ojalá algún día ella pueda llegar a España», dicen.Los afganos, Najeeb y Najeebullah, en el monte donde se concentran los inmigrantes.Marcos MorenoOtra pareja también s
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