Llega una nueva adaptación de los relatos de H.P. Lovecraft en formato manga por parte de Gou Tanabe. El fundador, el original, el autor que definió el terror moderno, interpretado a través de las viñetas del autor japonés. Gou Tanabe lleva desde 2004 adaptando, de manera regular y aplaudida por crítica y público, la obra de H.P. Lovecraft. Este El Sabueso y otros relatos (Maken Lovecraft Kessakushuu) editado por Planeta Cómics es una magnífica muestra de ello.. Tres relatos. No hacen falta más. Antes de terminar mi cena familiar, mi mujer me preguntó que a dónde iba, le contesté: ¿Dónde están las obras completas de H.P. Lovecraft? Aquí no, mantengámoslo, por ahora, alejado de los niños. Quería saber más. Quería algo más además de las viñetas. La elección de estos tres cuentos para ilustrar no es casualidad. Son tres cuentos que escapan al estándar del autor de Providence, fuera de lo urbano, el investigador al borde de la locura, un bibliotecario enfermo de fiebre y pesadillas, un pueblo perdido y maldito, todo se desmorona…es un Lovecraft que, interpretado por Gou Tanabe, lleva el abismo, el terror cósmico, al exterior, a la aventura, fuera, sí, sale… pero desde su casa, claro.. La adaptación de Gou Tanabe mezcla el estilo manga con los claroscuros del canónico Alberto Breccia, siempre presente en cualquier adaptación del de Providence.. Comenzamos con El sabueso. Una historia que podría encajar, incluso en la novela victoriana, en lo gótico de Mary Shelley. Las historia sobre los ladrones de cuerpos, recordando las grabaciones de Radio Nacional de España, las historias de medianoche, el domingo con la voz de Juanjosé Plans (que, por cierto, nunca se atrevió con Lovecraft, solo con habitantes de su círculo), protagonistas sacados de Hammer Film Productions, de sus esquemas y escenarios de castillos, humedales y cementerios. Recuerden, claro, El ladrón de cadáveres de Robert Louis Stevenson, editado en 1884. Busco la información, el año de publicación del original de Lovecraft, 1922, Weird Tales. Dos niños bien, jóvenes morbosos, que acumulan una colección nigromántica, que tienen un ejemplar del Necronomicón de Abdul Alhazred, poeta loco.. Un libro que Gou Tanabe ilustra, se inspira, nos recuerda a la imaginería heredad de Evil Dead. De Londres a un cementerio holandés del S. XV. Los que se alimentan, de terruño y la oquedad, lo impenetrable. La comparación entre la maleza opaca, de la botánica enferma, del camposanto frente a la luz clara del viaje en el vapor. Y esos aullidos sordos, los sonidos de animales monstruos fantasmales e invisibles. Siempre la mitología griega, pero también la sospecha de que, en realidad, lo que hay es una blasfemia anterior, una civilización terrible. No es Babilonia, no es nada que se puede decir, son sociedades olvidadas, prohibidas, llenas de sacerdotes antediluvianos. En el robo, la sensación de la maldición, objeto que ata, que transporta el abismo. Momia, Edgar Allan Poe, delirio… armas, pólvora, susurros en neerlandés, huellas imposibles, ojos, perros, otros cuadrúpedos, con sus dimensiones imposibles. Velas para las ciudades, sonidos y sombras. En la esquina de los cuentos, recuerda, no es el lugar, es el objeto. No es la maldición, la que devora a los protagonistas. Entre un grifo y un vampiro. Pájaros blancos, cuervos negros, escolopendras, Londres. El sonido del reloj del Big Ben se confunde con el disparo. El blues de Westminster.. ¿El cadáver mejora con la muerte? ¿Quién es el que transporta a la muerte? ¿Quién alimente a quién?. El templo: aquí vamos con el horror submarino. Pienso que el cuento está escrito en 1925, así que, originalmente tiene más que ver con la Primera Guerra Mundial, y eso que los ejércitos, los combatientes, la tecnología, parece más bien de la Segunda Guerra Mundial. No es lo más importante. Sí que es cierto que existe esa manera de afrontar el honor de los prusianos. Lo fundamental es, más allá de los prusianos, los británicos o los norteamericanos, el infinito oceánico, en su extensión y profundidad, el único lugar capaz de contener dimensionalmente las elucubraciones abominables de Lovecraft.. Vale el océano, como unas décadas después valdrá el espacio profundo.. En la parte técnica, qué sabría Lovecraft de submarinos, sumergibles y buceadores. Pienso en el autor leyendo manuales en la oscuridad de su cuarto mientras sus tías golpeaban la puerta para llevarle té y un panecillo. Una figura, en las manos de un cadáver, un cuerpo que no es cuerpo, que todavía contiene a un espíritu maldito. Los muertos que se arrastran, más bien que se mueven por las ventanas, los ojos de buey. Como en una nave espacial, la locura se filtra, es agua o vacía, es frío océano. ¿Recuerdas «Horizonte final», dime que sí? La poca renovación del aire siempre nos deja la duda a los lectores de Lovecraft si es una cuestión de locura física o de maldición cósmica. Un arte en el rostro de los soldados, una palidez que es, a la vez, enfermedad y ausencia de sol, un contraste entre la superficie y las aguas bravas. Tormenta frente al interior, que está levemente más iluminado, como si el abismo bajo el agua compitiera con la congestión de fuera. Alucinaciones de mar pesado, cadáveres y delfines. Delirio, enemigos reales, claustrofobia, los cadáveres, los muertos y los suicidas. La noche y el día se confunden bajo el agua.. Otra vez el juego entre dos, la estructura de los protagonistas, oficiales, se repite en uno y otro de los cuentos. Uno se lanza al abismo de la demencia el primero, el otro resiste hasta quedarse solo. La cartografía del suelo marino. Una pasión que se convierte en locura. Es fascinante cómo el autor, el ilustrador, interpreta el urbanismo desgastado de la ciudad sumergida. Una decoración, una arquitectura, que recuerde a lo humano, pero lo lleve más allá, mutado, híbrido, antiguo. Se nombra la Atlántida, pero uno imagina una civilización amorfa, protohumana… la viñeta en la que el autor nos ofrece la acrópolis al completo es espectacular y junto a ella la visión del modelo de buzo clásico, minúsculo, avanzando entre la oscuridad, el verdín, la infame fosforescencia. Templos, monjes, sacrificios, la última vela, la oscuridad, la luz, esa luz que se filtra y que da más miedo que el negro absoluto, porque sabemos que lo que hay detrás es malvado. Alucinaciones de la ciencia ficción espacial, sí, es imposible, son los sentidos, el hechizo. Un paisaje, un extraño dios apostado en una pared, herético, hermético, dispuesto a saltar.. ¿Qué hay al otro lado del umbral? ¿De verdad quieres saberlo?. Y llegamos al final, La ciudad sin nombre: la expedición en los desiertos, suelen ser los sueños los que alimentan estas excursiones, la ciudad de Abdul Alhazred, el monje loco. Es la primera aparición del autor del Necronomicón en la obra de Lovecraft. Aparece, de nuevo, la advertencia de la que no se hace caso: «Antes de que los Egipcios construyeran Memfis, que los babilonios cocieran los ladrillos». ¿Cómo es posible es aire tan frío en el calor del desierto? Recuerdos esas antologías de ciencia ficción barata, pulp, en la que se llega a planetas y se encuentran civilizaciones, ingenieros de la humanidad.. La pasión de Lovecraft por las grandes extensiones de la Tierra, desiertos, Antártida, el fondo marido. El único lugar capaz de contener toda la locura primigenia.. Una apertura pequeña frente a lo magnífico, lo inmenso. Las pesadillas que no se pueden evitar, que siempre acompañan a los personajes de Lovecraft. Como otro lugar, otro plano de existencia. El contraste del negro abisal de los túneles con la infame fosforescencia de los espacios abiertos, luces que no sabes de dónde vienen, que es casi mejor no saber. Las tumbas, la profundidad, la emanación de las criaturas repugnantes. Gou Tanabe sigue la descripción, la acompaña con una claridad cósmica, antigua, inane.. «Me negaba a creer que las gentes que erigieron aquella ciudad sin nombre n tiempos prehistóricos fueran la aberración de la naturaleza con rasgos reptilianos y limitada estatura». ¿Quién mandaba aquí? Todas las teorías de Erich von Däniken de los setenta, las civilizaciones antediluvianas, la idea de extraterrestres, de ingenieros como el canon último de Alien, pero que siempre tenían un toque de bondad intrínseca en la superioridad y que, en Lovecraft, acaba siendo una maldad absoluta, fruto del desinterés ante la mota orgánica que es la raza humana. El cataclismo, el diluvio en todas las civilizaciones y tradiciones, Darwin, la Edad de la raza inferior, anterior a la historia, siempre más brutal, creada, dirigida, moldeada para ser mano de obra esclava y que, en su potencia, en su fuerza, acaba revelándose y realizando una carnicería contra sus amos y opresores. La cultura occidental y los estudiosos encuentran similitudes en la paranoia de Lovecraft y el colonialismo.. También Lovecraft, como un Julio Verne perverso, imagina el creacionismo infinito, la genética y otras opciones que no estaban todavía en las manos de los científicos y que solo se intuían a través de la literatura fantástica. ¿O los agujeros de gusano para viajar entre planetas? El salto cuántico, los viajes entre dimensiones. Murales, otra constante, razas esclavas que, primero son mano de obra, pero, más fuertes, acaba derrotando a la raza que los creo, un remedo de la llegada, la invasión de los bárbaros. Frisos como puerta a las estrellas, lugares donde esos recuerdos monstruosos sobreviven. Ojo, es uno de los pocos relatos en los que el protagonista sobrevive. Con qué gusto el dibujante imagina el urbanismo mutante de la ciudad, lee el texto profuso y lleno de adjetivos de Lovecraft y consigue darle forma. Para fans y para curiosos. Muy recomendable.
Gou Tanabe continúa adaptando al manga la obra del mítico H.P. Lovecraft con El sabueso y otros relatos.
Llega una nueva adaptación de los relatos de H.P. Lovecraft en formato manga por parte de Gou Tanabe. El fundador, el original, el autor que definió el terror moderno, interpretado a través de las viñetas del autor japonés. Gou Tanabe lleva desde 2004 adaptando, de manera regular y aplaudida por crítica y público, la obra de H.P. Lovecraft. Este El Sabueso y otros relatos (Maken Lovecraft Kessakushuu) editado por Planeta Cómics es una magnífica muestra de ello.. ViñetaPlaneta Comic. Tres relatos. No hacen falta más. Antes de terminar mi cena familiar, mi mujer me preguntó que a dónde iba, le contesté: ¿Dónde están las obras completas de H.P. Lovecraft? Aquí no, mantengámoslo, por ahora, alejado de los niños. Quería saber más. Quería algo más además de las viñetas. La elección de estos tres cuentos para ilustrar no es casualidad. Son tres cuentos que escapan al estándar del autor de Providence, fuera de lo urbano, el investigador al borde de la locura, un bibliotecario enfermo de fiebre y pesadillas, un pueblo perdido y maldito, todo se desmorona…es un Lovecraft que, interpretado por Gou Tanabe, lleva el abismo, el terror cósmico, al exterior, a la aventura, fuera, sí, sale… pero desde su casa, claro.. recorteOctavio Gómez. La adaptación de Gou Tanabe mezcla el estilo manga con los claroscuros del canónico Alberto Breccia, siempre presente en cualquier adaptación del de Providence.. Comenzamos con El sabueso. Una historia que podría encajar, incluso en la novela victoriana, en lo gótico de Mary Shelley. Las historia sobre los ladrones de cuerpos, recordando las grabaciones de Radio Nacional de España, las historias de medianoche, el domingo con la voz de Juanjosé Plans (que, por cierto, nunca se atrevió con Lovecraft, solo con habitantes de su círculo), protagonistas sacados de Hammer Film Productions, de sus esquemas y escenarios de castillos, humedales y cementerios. Recuerden, claro, El ladrón de cadáveres de Robert Louis Stevenson, editado en 1884. Busco la información, el año de publicación del original de Lovecraft, 1922, Weird Tales. Dos niños bien, jóvenes morbosos, que acumulan una colección nigromántica, que tienen un ejemplar del Necronomicón de Abdul Alhazred, poeta loco.. ViñetaPlaneta Comic. Un libro que Gou Tanabe ilustra, se inspira, nos recuerda a la imaginería heredad de Evil Dead. De Londres a un cementerio holandés del S. XV. Los que se alimentan, de terruño y la oquedad, lo impenetrable. La comparación entre la maleza opaca, de la botánica enferma, del camposanto frente a la luz clara del viaje en el vapor. Y esos aullidos sordos, los sonidos de animales monstruos fantasmales e invisibles. Siempre la mitología griega, pero también la sospecha de que, en realidad, lo que hay es una blasfemia anterior, una civilización terrible. No es Babilonia, no es nada que se puede decir, son sociedades olvidadas, prohibidas, llenas de sacerdotes antediluvianos. En el robo, la sensación de la maldición, objeto que ata, que transporta el abismo. Momia, Edgar Allan Poe, delirio… armas, pólvora, susurros en neerlandés, huellas imposibles, ojos, perros, otros cuadrúpedos, con sus dimensiones imposibles. Velas para las ciudades, sonidos y sombras. En la esquina de los cuentos, recuerda, no es el lugar, es el objeto. No es la maldición, la que devora a los protagonistas. Entre un grifo y un vampiro. Pájaros blancos, cuervos negros, escolopendras, Londres. El sonido del reloj del Big Ben se confunde con el disparo. El blues de Westminster.. ¿El cadáver mejora con la muerte? ¿Quién es el que transporta a la muerte? ¿Quién alimente a quién?. RecorteOctavio Gómez. El templo: aquí vamos con el horror submarino. Pienso que el cuento está escrito en 1925, así que, originalmente tiene más que ver con la Primera Guerra Mundial, y eso que los ejércitos, los combatientes, la tecnología, parece más bien de la Segunda Guerra Mundial. No es lo más importante. Sí que es cierto que existe esa manera de afrontar el honor de los prusianos. Lo fundamental es, más allá de los prusianos, los británicos o los norteamericanos, el infinito oceánico, en su extensión y profundidad, el único lugar capaz de contener dimensionalmente las elucubraciones abominables de Lovecraft.. Vale el océano, como unas décadas después valdrá el espacio profundo.. ViñetaPlaneta Comic. En la parte técnica, qué sabría Lovecraft de submarinos, sumergibles y buceadores. Pienso en el autor leyendo manuales en la oscuridad de su cuarto mientras sus tías golpeaban la puerta para llevarle té y un panecillo. Una figura, en las manos de un cadáver, un cuerpo que no es cuerpo, que todavía contiene a un espíritu maldito. Los muertos que se arrastran, más bien que se mueven por las ventanas, los ojos de buey. Como en una nave espacial, la locura se filtra, es agua o vacía, es frío océano. ¿Recuerdas «Horizonte final», dime que sí? La poca renovación del aire siempre nos deja la duda a los lectores de Lovecraft si es una cuestión de locura física o de maldición cósmica. Un arte en el rostro de los soldados, una palidez que es, a la vez, enfermedad y ausencia de sol, un contraste entre la superficie y las aguas bravas. Tormenta frente al interior, que está levemente más iluminado, como si el abismo bajo el agua compitiera con la congestión de fuera. Alucinaciones de mar pesado, cadáveres y delfines. Delirio, enemigos reales, claustrofobia, los cadáveres, los muertos y los suicidas. La noche y el día se confunden bajo el agua.. recorteOctavio Gómez. Otra vez el juego entre dos, la estructura de los protagonistas, oficiales, se repite en uno y otro de los cuentos. Uno se lanza al abismo de la demencia el primero, el otro resiste hasta quedarse solo. La cartografía del suelo marino. Una pasión que se convierte en locura. Es fascinante cómo el autor, el ilustrador, interpreta el urbanismo desgastado de la ciudad sumergida. Una decoración, una arquitectura, que recuerde a lo humano, pero lo lleve más allá, mutado, híbrido, antiguo. Se nombra la Atlántida, pero uno imagina una civilización amorfa, protohumana… la viñeta en la que el autor nos ofrece la acrópolis al completo es espectacular y junto a ella la visión del modelo de buzo clásico, minúsculo, avanzando entre la oscuridad, el verdín, la infame fosforescencia. Templos, monjes, sacrificios, la última vela, la oscuridad, la luz, esa luz que se filtra y que da más miedo que el negro absoluto, porque sabemos que lo que hay detrás es malvado. Alucinaciones de la ciencia ficción espacial, sí, es imposible, son los sentidos, el hechizo. Un paisaje, un extraño dios apostado en una pared, herético, hermético, dispuesto a saltar.. ¿Qué hay al otro lado del umbral? ¿De verdad quieres saberlo?. PORTADAOctavio Gómez. Y llegamos al final, La ciudad sin nombre: la expedición en los desiertos, suelen ser los sueños los que alimentan estas excursiones, la ciudad de Abdul Alhazred, el monje loco. Es la primera aparición del autor del Necronomicón en la obra de Lovecraft. Aparece, de nuevo, la advertencia de la que no se hace caso: «Antes de que los Egipcios construyeran Memfis, que los babilonios cocieran los ladrillos». ¿Cómo es posible es aire tan frío en el calor del desierto? Recuerdos esas antologías de ciencia ficción barata, pulp, en la que se llega a planetas y se encuentran civilizaciones, ingenieros de la humanidad.. RecorteOctavio Gómez. La pasión de Lovecraft por las grandes extensiones de la Tierra, desiertos, Antártida, el fondo marido. El único lugar capaz de contener toda la locura primigenia.. Una apertura pequeña frente a lo magnífico, lo inmenso. Las pesadillas que no se pueden evitar, que siempre acompañan a los personajes de Lovecraft. Como otro lugar, otro plano de existencia. El contraste del negro abisal de los túneles con la infame fosforescencia de los espacios abiertos, luces que no sabes de dónde vienen, que es casi mejor no saber. Las tumbas, la profundidad, la emanación de las criaturas repugnantes. Gou Tanabe sigue la descripción, la acompaña con una claridad cósmica, antigua, inane.. RecorteOctavio Gómez. «Me negaba a creer que las gentes que erigieron aquella ciudad sin nombre n tiempos prehistóricos fueran la aberración de la naturaleza con rasgos reptilianos y limitada estatura». ¿Quién mandaba aquí? Todas las teorías de Erich von Däniken de los setenta, las civilizaciones antediluvianas, la idea de extraterrestres, de ingenieros como el canon último de Alien, pero que siempre tenían un toque de bondad intrínseca en la superioridad y que, en Lovecraft, acaba siendo una maldad absoluta, fruto del desinterés ante la mota orgánica que es la raza humana. El cataclismo, el diluvio en todas las civilizaciones y tradiciones, Darwin, la Edad de la raza inferior, anterior a la historia, siempre más brutal, creada, dirigida, moldeada para ser mano de obra esclava y que, en su potencia, en su fuerza, acaba revelándose y realizando una carnicería contra sus amos y opresores. La cultura occidental y los estudiosos encuentran similitudes en la paranoia de Lovecraft y el colonialismo.. LovecraftOctavio Gómez. También Lovecraft, como un Julio Verne perverso, imagina el creacionismo infinito, la genética y otras opciones que no estaban todavía en las manos de los científicos y que solo se intuían a través de la literatura fantástica. ¿O los agujeros de gusano para viajar entre planetas? El salto cuántico, los viajes entre dimensiones. Murales, otra constante, razas esclavas que, primero son mano de obra, pero, más fuertes, acaba derrotando a la raza que los creo, un remedo de la llegada, la invasión de los bárbaros. Frisos como puerta a las estrellas, lugares donde esos recuerdos monstruosos sobreviven. Ojo, es uno de los pocos relatos en los que el protagonista sobrevive. Con qué gusto el dibujante imagina el urbanismo mutante de la ciudad, lee el texto profuso y lleno de adjetivos de Lovecraft y consigue darle forma. Para fans y para curiosos. Muy recomendable.
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