«¡Un caballa nunca se rinde, un caballa nunca se rinde!», coreaban: «¡La Cruz Roja es una mafia!» Leer
Mientras la Cruz Roja repartía alimentos, un pequeño grupo de vecinos ha asaltado una pequeña playa contigua al Trampolín para prender fuego a dos de las chabolas construidas por los migrantes. Decenas de mochilas, toallas y demás enseres han ardido en estas hogueras improvisadas, hasta que los antidisturbios han separado a los dos bandos.. «¡Un caballa nunca se rinde, un caballa nunca se rinde!», coreaban los manifestantes, ya unidos en un único grupo, mientras el atardecer traía el presagio de más violencia. Los incidentes han provocado que la Policía se desplegara para interceptar al grupo y evitar que los incidentes fueran a más.. Horas antes, un centenar de ceutíes bloqueó la calle que accede a la playa de Trampolín, donde se amontonan las chabolas recién construidas por migrantes. El objetivo de la sentada era impedir el paso del camión y las tres furgonetas de Cruz Roja que transportan los alimentos que reciben los recién llegados al caer la tarde.. «¡La Cruz Roja es una mafia! ¡La Cruz Roja es una mafia!», coreaban al unísono los manifestantes, vigilados por docenas de policías nacionales, agentes locales y militares pertrechados con armas largas. «¡Orgullosos de nuestra policía! ¡Orgullosos de nuestra policía!».. Apenas un minuto después, esa misma policía tenía el papelón de disolver la sentada sin recurrir a la fuerza. Un mando con barba canosa se acercó a la primera fila y, con modos cuasipaternales, les animó a retrasar su posición medio centenar de pasos.. Había división entre los presentes. Unos querían resistir a toda costa. A otros les podía su fe en la autoridad. Y, finalmente, accedieron a recular ligeramente. «Los españoles siempre somos los más gilipollas», lamentó uno de los más veteranos.. -Se puede liar-, le masculló uno de los agentes a su jefe.. -Se va a liar-, le corrigió con gesto serio.. Sentada de ceutíes, al lado de un camión de la Cruz Roja.ELENA IRIBAS. El mando se acercó a los manifestantes y trató de negociar una solución intermedia. Si dejaban pasar a la Cruz Roja, ofrecía, los policías permitirían que se les unieran los manifestantes que se habían quedado aislados por un cordón policial.. Había división entre los manifestantes, una pequeña masa convocada por redes sociales, sin líder aparente ni más programa que hacer difícil la vida a los migrantes. La subsiguiente discusión, más propia de La vida de Brian que de la mayor crisis migratoria que se recuerda, caldeaba aún más los ánimos y desafiaba la capacidad de negociación de los policías. «¡De esta carretera no nos moverán!», coreaban mientras tanto los manifestantes, a la espera de una decisión definitiva.. La ciudad autónoma parece estos días una montaña de maleza en plena ola de calor. La fatiga de casi un mes de crisis migratoria ha ido crispando los ánimos de los pacientes ‘caballas’, como se llaman a sí mismo los ceutíes. Y los cuerpos de seguridad redoblan sus esfuerzos para que una chispa inesperada, como el reparto diario de la Cruz Roja, no acabe por incendiarlo todo.. Los puntos de fricción son múltiples y no siempre evidentes. Están los locales contra los recién llegados, claro. Pero también los cristianos contra los musulmanes, a los que se critica que apenas participen en las protestas vespertinas contra la «ocupación». O los que quieren ayudar a los recién llegados contra los que quieren hacerles la vida tan imposible como puedan con un único objetivo: que se vayan lo antes posible.. «Yo nunca le negaría un trozo de pan a nadie, pero es que ellos nos lo están quitando todo», afirmaba Ana, ceutí de 36 años, semiconsciente de su propia contradicción. «Pasamos miedo en nuestras propias calles, los niños están encerrados… La única solución es apretar para que se vayan».. Tras un largo ‘stand by’ de los manifestantes, amenizado por un variado repertorio de insultos al Gobierno, el convoy humanitario, escoltado por la Policía, abandonaba el paseo marítimo con rumbo desconocido.. Nos reencontramos con los voluntarios minutos más tarde, al otro lado de una desaladora. Apenas un centenar de metros les separaban de la manifestación de ceutíes. Allí, dos camiones ya habían dejado la comida discretamente durante la tarde, antes incluso del bloqueo vecinal. La treta ha logrado su objetivo: encontrar un punto de encuentro seguro con los migrantes, protegido por siete ‘lecheras’ de la Policía.. Una enormidad de imigrantes hacía cola para recibir su ración diaria en una bolsa de supermercado. Hachim, un adolescente marroquí, enseñaba su botín: embutido halal, dos panecillos, un batido, un dulce, una naranja y una botella grande de agua mineral. «Vamos, vamos», les arengaban dos agentes de la Policía, deseosos de que la operación diaria, cada vez más compleja por el enfado vecinal, culmine sin más incidentes.. Ha sido imposible. Mientras la Cruz Roja repartía los alimentos, se han iniciado los incidentes. Un grupo de manifestantes han asaltado uno de los campamentos y han prendido fuego a dos chabolas antes de ser interceptados por los antidisturbios.
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