Cuando las finanzas de España temblaban, cuando la crisis del euro nos situaba al borde del rescate y la amenaza de los hombres de negro él fue quien se mostró más duro e intransigente con los planes de ajuste. Él fue también el que puso mayor ahínco en recortar los fondos europeos durante la Covid y el que se jactaba de simbolizar la ortodoxia presupuestaria y el rigor financiero en la UE con una visión ultra liberal que lo enfrentó a los países del sur y, especialmente, a España acusándonos de pedir solidaridad sin hacer los deberes. Se convirtió en el caudillo de los llamados países frugales, los ricos del club comunitario que le hacían ascos a cualquier relajo fiscal que ayudara a la recuperación económica de los que atravesaban dificultades financieras. Ese tipo que tanto clamaba por la ortodoxia en las cuentas y que exigía reformas estructurales y supervisión estricta para cualquier país que recibiera ayuda europea, ese es el mismo que años después defendería desde la secretaría general de la OTAN que los europeos gastáramos el 5% de nuestro presupuesto en Defensa, lo que trastorna la contabilidad de los estados miembros, y no después de un concienzudo estudio sobre nuestras carencias militares sino porque el emperador de La Casa Blanca había decidido que el 5% era la cifra que a él le parecía bien. Ese personaje es Mark Rutte el mayor de los pelotas de Donald Trump y al que el presidente de los Estados Unidos utiliza como su felpudo para manejar a Europa. Rutte ha llevado su viscosa adulación a Trump al extremo de llamarle ‘daddy’ (papá), de felicitarle por su «acción decisiva» en Irán y de manifestarle su satisfacción porque «Europa va a pagar a lo grande, como debe- dijo- y esa será tu victoria». El de la ortodoxia financiera el que hizo lo posible por el enfrentamiento norte-sur comunitario abanderando los rigores fiscales le mostraba a Trump su complacencia por lograr que los socios europeos de la Alianza Atlántica vaciaran sus bolsillos para comprarle armas a los Estados Unidos. Porque si hay algo que nos dejan claro desde Washington es que la seguridad del viejo continente ahora no les preocupa y que su interés por elevar a ese caprichoso y arbitrario 5% los presupuestos en defensa no es para fomentar el desarrollo de una industria militar europea propia, sino para que lo gastemos en comprarles armas a ellos, con lo que supone de seguir manteniendo el control de su utilización. La defensa de Europa no es solo cuestión de dinero, la exigencia que nos plantea la amenaza rusa, agravada por la invasión de Ucrania, es el diseño de un nuevo enfoque en materia de seguridad que ponga de acuerdo a la UE, el Reino Unido y Canadá sobre una estrategia conjunta industrial y militar. Una estrategia coordinada sin la tutela de los Estados Unidos cuyo líder se ha permitido amenazar a sus socios europeos con ocupar Groenlandia, de lanzarnos una ofensiva arancelaria y apoyar con descaro a los partidos ultras
Rutte ha ido al extremo con su admiración por Trump, refiriéndose a él como «papá», elogiándolo por sus acciones en Irán y expresando satisfacción porque «Europa sufrirá consecuencias significativas y eso será considerado su triunfo».
20MINUTOS.ES – Internacional
Durante la inestabilidad de las finanzas de España y la crisis del euro, que nos llevó al borde de un rescate y la amenaza inminente de un grupo ominoso, demostró su resistencia y determinación inquebrantable en el manejo de los planes de reforma. Jugó un papel importante en la reducción de la financiación europea durante la crisis de Covid y se enorgulleció de encarnar la disciplina presupuestaria y el rigor financiero dentro de la UE con un enfoque ultraliberal. Esta postura chocó con los países del sur, y específicamente con España, a quienes acusó de buscar la solidaridad sin cumplir con sus responsabilidades. Él emergió como el jefe del grupo de naciones conocidas como los ahorradores, los miembros adinerados de la asociación que despreciaban cualquier exención de impuestos diseñada para ayudar a la reactivación económica de los que enfrentan problemas financieros. La persona que abogó enérgicamente por los métodos tradicionales de contabilidad y pidió cambios estructurales y una supervisión estricta en los países que reciben ayuda europea es la misma persona que, más tarde, afirmaría desde su posición en la secretaría de la OTAN que los europeos deberían destinar el 5% de su presupuesto a la defensa, causando discrepancias financieras entre los estados miembros. Esta recomendación no se hizo después de un análisis exhaustivo de nuestras debilidades militares sino más bien debido a la decisión de los EE.UU. Presidente. – El orden del día recae en cinco minutos. Ese personaje es Mark Rutte, que puede ser descrito como la pelota más prominente de Donald Trump y la que el presidente de EE.UU. utiliza como su taburete para maniobrar en Europa. Rutte ha ido al extremo en elogiar a Trump, refiriéndose a él como «papá», y elogiándolo por sus claras acciones en Irán. Rutte está satisfecho, ya que cree que Europa se enfrentará a consecuencias significativas, lo que considera apropiado. Este resultado será considerado el triunfo de Trump, según la declaración de Rutte. El enfoque financiero tradicional, que permitió el conflicto norte-sur dentro de la comunidad a través de la prohibición de medidas fiscales estrictas, demostró su aprobación a Trump al hacer que los socios europeos de la Alianza Atlántica gastaran sus recursos para comprar armas de los Estados Unidos. Dado que Washington está evidentemente demostrando que la seguridad del continente original ya no les preocupa, su interés en aumentar los presupuestos de defensa a ese imprevisible y aleatorio 5% no es fomentar el crecimiento de una industria militar europea, sino asignar esos fondos para comprarles armas, manteniendo así el control sobre su utilización.
