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Hace unos días se anunciaban los candidatos al Balón de Oro. Casi simultáneamente, Marlaska, refiriéndose a la crisis de Ceuta, pronunciaba una de las frases para la historia de esta desdichada legislatura: «Sentimiento de inseguridad subjetiva». Ambos asuntos no tendrían nada que ver si no estimularan una metafísica discusión acerca del concepto de lo subjetivo y lo objetivo en el pensamiento humano. En este caso, en el político y en el futbolístico.. El ministro, hombre de probados y provechosos estudios, construyó de forma incorrecta la frase. Invirtió los términos. Quiso decir «sentimiento subjetivo de inseguridad». La inseguridad, como la seguridad, no es ni subjetiva ni objetiva. Su catalogación responde al sentimiento de la persona que la percibe e interpreta. Quizás al ministro se le descolocó el sintagma porque, mendaz hasta el fin, trataba de acomodarlo a una realidad falseada, desmentida por los hechos y suplantada por el «relato».. Sí, en cambio, son plenamente subjetivas, las opiniones de Mbappé y Yamal acerca de los méritos que los adornan para obtener el áureo galardón. En el ejercicio de su solipsista subjetividad, y de acuerdo con «las distintas sensibilidades» que, según el Madrid, existen en el vestuario, a Kylian no le gusta la caballa. Ante la sospecha de que prefiere el cuscús, ha ofrecido unas equidistantes explicaciones en las que ha sorbido y soplado al tiempo, poniendo en el mismo plano ético y doliente a invasores e invadidos, a ofendidos y ofensores. A Lamine no le dieron la oportunidad de pronunciarse. En «Can Barça» no existen las diferentes sensibilidades. La estomagante butifarra independentista es plato único.. Vinicius y Konaté también le hacen asquitos a la caballa, que es, en contra de lo que cabría colegir, un pez teleósteo perteneciente a la familia de los escómbridos y no la hembra del caballo, mamífero perisodáctilo de la familia de los équidos. De ahí, tal vez, la confusión de esos muchachos. Pero Florentino y Butragueño, dos «gatos», sobrenombre zoológico de los madrileños, y un «caballa», Pirri, presidente de honor del Real Madrid, estuvieron el viernes en Ceuta.. Se trató de una expedición oficial de máximo rango. Una operación de lavado de imagen destinada a no proporcionar munición de grueso calibre a los antimadridistas y a explicar a los madridistas, enfadados con sus jugadores, que la «sensibilidad» de su presidente es la misma que la de los ceutíes. No puede existir otra en tales circunstancias.. Pérez, aclamado por el pueblo agradecido a la persona y al símbolo, desligó la visita del comportamiento de sus futbolistas, a los que, de ese modo, exculpa públicamente sin nombrarlos. Demasiado cercanos, sin embargo, ambos hechos como para no relacionarlos y no ver en el rápido viaje de la cúpula blanca un gesto compensatorio. Un acto institucional de desagravio a la ciudad, ofendida en lo más hondo por los piadosos remilgos del trío de marras. Florentino sigue blandeando con sus estrellas.. En cualquier caso, fue reconfortante verlo abrazar a Vivas.
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