Madrid transforma sus oficinas móviles en consultas itinerantes para atender a los afectados: «Llegan relativamente tranquilos, pero empiezan a pasar las horas y no saben cuándo regresarán a casa» Leer
Los técnicos de ayuda psicológica se quedaron sin palabras cuando conocieron el caso. Dos mujeres venezolanas que hace apenas unas semanas ya fueron atendidas tras los terremotos que asolaron su país ahora habían sido evacuadas por el fuego en Madrid. «Sentían una culpa doble. Decían: ‘Nos hemos salvado’, mientras hablan con sus compatriotas, que están durmiendo en la calle».Pasan los días y las decenas de pabellones que acogen a los afectados por el mayor incendio de la historia de España se convierten en el epicentro de la incertidumbre a pesar de estar a tantos kilómetros del fuego. El hogar, las pertenencias, las mascotas, el trabajo, los recuerdos de una vida o las dudas sobre el futuro se agolpan en los polideportivos reconvertidos en albergues mientras la gran incógnita sobre cuándo se levantarán las restricciones que permitan el retorno sigue sin despejarse.«Hemos visto casos de personas que el primer día vienen relativamente relajadas porque piensan que esta situación igual dura un día. Pero van viendo cómo pasan las horas y los días. Esa incertidumbre de seguir aquí sin saber cuándo regresarán hace que la ansiedad aumente», cuenta Sara Casado, psicóloga del servicio de Atención al Ciudadano de la Comunidad de Madrid, que forma junto a Jesús García, agente del 012, uno de los equipos con los que la Comunidad de Madrid ha transformado temporalmente sus oficinas móviles de ayuda ciudadana en centros itinerantes de atención psicológica.Recorren la ruta maldita del fuego: desde los municipios confinados hasta aquellos que han abierto sus recintos para acoger a sus paisanos. Allí, un camión similar al de las donaciones de sangre ha mutado en una consulta portátil. En algunos pabellones, los vecinos hacen cola para hablar con el psicólogo; en otros es el especialista quien se ofrece a los acogidos. Cada realidad, cada pueblo, es resultado de ese difícil proceso de dejar atrás sus casas sin saber por cuánto tiempo o ante qué consecuencias.«Hay personas muy vulnerables a las que les está costando pedir ayuda», narra Casado desde Móstoles, uno de los principales lugares de acogida, con tres polideportivos habilitados. Su unidad móvil opera en este enclave; otra pasa por Villanueva de la Cañada, Brunete y Las Rozas. Una tercera se acerca a la zona más devastada por las llamas: Getafe, Navalcarnero, Villamantilla y Villamanta.A bordo, todo tipo de escenarios y vidas sacudidas por el fuego que se abren en canal: familias enteras que han perdido su casa, personas que temen por los problemas que van a tener con su casero, shock tras la adrenalina de salir corriendo y dejar toda una vida atrás, temor por la situación de los animales que se quedaron asomados al incendio… Hasta una embarazada que, a pocos días de dar a luz, no sabe qué será de su futuro. Y también gente a la que le horroriza abrirse y contar su historia por miedo al qué dirán.Ante estas reticencias, los psicólogos de la Comunidad
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Madrid transforma sus oficinas móviles en consultas itinerantes para atender a los afectados: «Llegan relativamente tranquilos, pero empiezan a pasar las horas y no saben cuándo regresarán a casa» Leer
