Ambos países, coorganizadores del evento, compiten por albergar la final de un torneo cuya organización depende completamente de los caprichos de FIFA. Marruecos, invitada de última hora de la candidatura, ofrece un proyecto faraónico Leer
Ambos países, coorganizadores del evento, compiten por albergar la final de un torneo cuya organización depende completamente de los caprichos de FIFA. Marruecos, invitada de última hora de la candidatura, ofrece un proyecto faraónico Leer
El 21 de julio de 2030 se disputará la final del próximo Mundial de fútbol. Queda lejísimos, casi cuatro años sin el casi, pero antes, en 2027, se ha de dirimir el lugar donde se juegue ese partido. Y esa decisión, en manos de la siempre controvertida FIFA, será otro contexto, acaso el siguiente, en el que España y Marruecos escenifiquen la tensión inherente a sus relaciones. Sin el drama humano de la actual crisis migratoria, los papeles de ambos en ese escenario deportivo no varían demasiado respecto a los que vienen representando estos días.Antes, un breve resumen. El Mundial 2030, su organización, nace en la cabeza de Luis Rubiales. Es 2018 y todavía queda lejos el beso a Jenni Hermoso (2023) que acabará con él. Por entonces, septiembre de ese 2018, sus relaciones con Pedro Sánchez son buenas, Rubiales presume de carnet socialista, y ambos reciben a Gianni Infantino, presidente de la FIFA, en el Palacio de la Moncloa. Portugal ya está en esa idea primigenia, pero no así Marruecos. En una visita a Rabat en noviembre de ese mismo año, es el propio Sánchez quien invita públicamente al reino alauita a incorporarse al proyecto (ante la sorpresa de Portugal, que no había sido informada). Y ahí, parece, se queda la cosa.Mucho tiempo más tarde, el 4 de junio de 2021, solamente España y Portugal presentan oficialmente la candidatura en un acto que cuenta con el Rey Felipe VI, el presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, y los presidentes de ambos gobiernos, Pedro Sánchez y António Costa. No es hasta marzo de 2023 cuando Marruecos se incorpora al proyecto (sustituyendo a una breve y peregrina intención de integrar a Ucrania producto de la solidaridad política inmediatamente posterior a la invasión rusa). Esa incorporación tan tardía, en principio, debería haber dejado clara la condición de invitado de Marruecos. Su entrada se produce poco antes de dos acontecimientos importantes. La inhabilitación de Rubiales por parte de FIFA (agosto del 23) y una reunión entre Sánchez e Infantino en Nueva York el 20 de septiembre, 15 días antes de que, por sorpresa, el máximo organismo del fútbol mundial haga público que el Mundial 2030 es para la candidatura.Pero la Federación española, impulsora y cabeza visible de todo, entra en un desgobierno que dura más de dos años. La interlocución con FIFA se resiente y Marruecos, el invitado, comienza a asumir protagonismo en la relación entre Infantino y la candidatura. No aspira a modificar demasiado el día a día del proyecto y pone todo su interés en un partido: la final.Existe un pacto tácito del propio Infantino con Florentino Pérez para que la final sea en el Santiago Bernabéu, el principal estadio de la capital del país impulsor de la candidatura, algo que parece de lo más razonable. Sin embargo, Marruecos comienza a desplegar toda su diplomacia y ofrece un megaproyecto en el que está inmerso y con el que pretende demostrar algo mucho más allá de una sim
Deportes // elmundo
