Una veintena de años después de que irrumpiera el ‘streaming’ en el panorama musical, no es que España no se encuentre en los podios de los principales mercados anglosajones, es que sus canciones directamente no entran en el ‘top 100’ ni los nombres de sus intérpretes, en muchos de los casos, tienen posibilidad de sonar.¿Qué es lo que está sonando fuera? Es tan fácil como echar una mirada, en Estados Unidos, la joven cantautora Ella Langley y su estilo más ‘country’ mantiene un fuerte número 1 con Choosing Texas, además de un tercer puesto con Be Her. En el caso del número 2, ese le pertenece a Taylor Swift con su canción para la banda sonora de Toy Story 5, I Knew It, I Knew You, que no ha pegado tanto en este país.Sucede lo mismo con Reino Unido: aunque los jóvenes talentos del roquero Sam Fender y Olivia Dean con su ‘soul’ elegante sí se han labrado cierto predicamento, su colaboración Rein Me In no ha tenido aquí eco. Menos aún lo tiene ese Three Lions de Baddiel, Skinner y Lighting Seed aupado como himno en torno a la selección inglesa en el Mundial.Esa misma competición futbolísta y las victorias de Inglaterra han propiciado el número 2, en este caso un ‘hit’ muy conocido de los años 90, Wonderwall de Oasis, cuyo éxito no hace sino recordarnos precisamente los tiempos en los que la música británica imponía su sello por todo el mundo.»Lo que el ‘streaming’ trajo no fue tanto la globalización como la demolición de las barreras, tanto las geográficas, de género o de lengua como la casi obligatoriedad de tener un contrato con un sello discográfico o un mánager», reflexiona Darío Manrique, ‘lead editorial’ de Spotify para España, sobre los cambios acontecidos con la implantación de esta modalidad de escucha.Según el informe anual de 2025 que elaboró Promusicae sobre el sector de la música grabada en este país, casi el 88% de los ingresos ya llegaron solo por el mercado digital, prácticamente dominado en su totalidad por las plataformas de ‘streaming’ (un 99,2%, que representa a más de 21 millones de personas).»Lo que ha ocurrido es que todo lo que antaño servía como prescriptor de ‘hits’ ha perdido gran parte de su peso. Ha ocurrido con la radio, que ya funciona a remolque de ‘hits’ probados pero no los crea y, un poco del mismo modo, con las listas de estos dos países», señala el cronista musical Odi O’Malley que, desde su web, es un ávido observador de las listas de éxitos.Números 1 de menor pegadaEn ese punto en el que lanzar música se hizo más fácil y también acceder a ella sin intermediarios, muchos países vivieron una efervescencia de artistas locales, «especialmente los de música urbana», como apunta Manrique.Las plataformas como Spotify introdujeron además en su sistema los algoritmos para la sugerencia de nueva música basándose en el gusto personal y consumo habitual de cada oyente, «de modo que se genera una suerte de cámara de eco, en la que cada usuario escucha cosas similar
Según un estudio que hizo el pasado año Promusicae, el 88% de los ingresos llegaban por el mercado digital, dominado por las plataformas de ‘streaming’.
Una veintena de años después de que irrumpiera el ‘streaming’ en el panorama musical, no es que España no se encuentre en los podios de los principales mercados anglosajones, es que sus canciones directamente no entran en el ‘top 100’ ni los nombres de sus intérpretes, en muchos de los casos, tienen posibilidad de sonar.¿Qué es lo que está sonando fuera? Es tan fácil como echar una mirada, en Estados Unidos, la joven cantautora Ella Langley y su estilo más ‘country’ mantiene un fuerte número 1 con Choosing Texas, además de un tercer puesto con Be Her. En el caso del número 2, ese le pertenece a Taylor Swift con su canción para la banda sonora de Toy Story 5, I Knew It, I Knew You, que no ha pegado tanto en este país.Sucede lo mismo con Reino Unido: aunque los jóvenes talentos del roquero Sam Fender y Olivia Dean con su ‘soul’ elegante sí se han labrado cierto predicamento, su colaboración Rein Me In no ha tenido aquí eco. Menos aún lo tiene ese Three Lions de Baddiel, Skinner y Lighting Seed aupado como himno en torno a la selección inglesa en el Mundial.Esa misma competición futbolísta y las victorias de Inglaterra han propiciado el número 2, en este caso un ‘hit’ muy conocido de los años 90, Wonderwall de Oasis, cuyo éxito no hace sino recordarnos precisamente los tiempos en los que la música británica imponía su sello por todo el mundo.»Lo que el ‘streaming’ trajo no fue tanto la globalización como la demolición de las barreras, tanto las geográficas, de género o de lengua como la casi obligatoriedad de tener un contrato con un sello discográfico o un mánager», reflexiona Darío Manrique, ‘lead editorial’ de Spotify para España, sobre los cambios acontecidos con la implantación de esta modalidad de escucha.Según el informe anual de 2025 que elaboró Promusicae sobre el sector de la música grabada en este país, casi el 88% de los ingresos ya llegaron solo por el mercado digital, prácticamente dominado en su totalidad por las plataformas de ‘streaming’ (un 99,2%, que representa a más de 21 millones de personas).»Lo que ha ocurrido es que todo lo que antaño servía como prescriptor de ‘hits’ ha perdido gran parte de su peso. Ha ocurrido con la radio, que ya funciona a remolque de ‘hits’ probados pero no los crea y, un poco del mismo modo, con las listas de estos dos países», señala el cronista musical Odi O’Malley que, desde su web, es un ávido observador de las listas de éxitos.En ese punto en el que lanzar música se hizo más fácil y también acceder a ella sin intermediarios, muchos países vivieron una efervescencia de artistas locales, «especialmente los de música urbana», como apunta Manrique.Las plataformas como Spotify introdujeron además en su sistema los algoritmos para la sugerencia de nueva música basándose en el gusto personal y consumo habitual de cada oyente, «de modo que se genera una suerte de cámara de eco, en la que cada usuario escucha cosas similares a las que ya escuchaba
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