La estrategia se fraguó días antes de que el Tribunal Supremo premiara a Aldama por colaborar con la Justicia Leer
Al ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero le pilló por sorpresa tanto el escrito de confesión de su ex íntimo amigo, Julio Martínez Martínez, como el de los ya ex directivos de Plus Ultra, Julio Martínez Sola y Roberto Roselli, todos ellos desvelados el pasado lunes por EL MUNDO.Pensaba que era algo que no iba a suceder. Confiaba en no ser traicionado pese a que su arriesgada estrategia de defensa, consistente en negarlo todo, colocó al resto de investigados en una situación endiablada. «Yo no he ejercido ninguna influencia en el rescate de Plus Ultra (…). Eso es una verdad incuestionable», aseguró de forma categórica Zapatero el pasado 17 de junio ante el magistrado de la Audiencia Nacional José Luis Calama.En las últimas semanas, el hasta ahora líder moral del PSOE ha vivido a nivel emocional en una montaña rusa y con temor por la declaración de su presunto testaferro, el empresario conocido como Julito, que decidió distanciarse de él y renunció a coordinar su defensa con el ex jefe del Ejecutivo cuando vio que su única salida, ante el aluvión indicios y la amenaza real de ir a prisión, era confesar.Desde que fue detenido el pasado mes de diciembre por la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía, este empresario alicantino ha escuchado de su entorno más cercano que debía colaborar para que el proceso judicial que ha puesto su vida patas arriba fuera lo más corto posible y lo menos perjudicial. No en vano, fuentes próximas al empresario consultadas por EL MUNDO explican que, en los últimos meses, Julito ha lamentado en privado haber sido captado por Zapatero para hacer negocios. El investigado ha sido consciente de que ese ha sido el gran error cometido en su vida.Y en este contexto, a finales del pasado mes de mayo, decidió poner su defensa en manos de la ex fiscal de los indomables y abogada penalista, María Dolores Márquez de Prado, bregada en causas judiciales tan complejas como mediáticas (fue la letrada de Rosalía Iglesias mientras su marido Javier Gómez de Liaño defendía al ex tesorero del PP Luis Bárcenas cuando este confesó la existencia de la caja B en Génova).En contra de lo publicado por otros medios, la estrategia de defensa de Julito se trazó mucho antes de que el Tribunal Supremo premiara la colaboración del empresario Víctor de Aldama en el caso de las mascarillas el pasado 22 de junio.La prueba más clara fue una reunión que tuvo lugar el pasado 10 de junio en la Fiscalía Anticorrupción entre el fiscal jefe, Alejandro Luzón, la fiscal del caso Plus Ultra, Elena Lorente, y Márquez de Prado. Ahí, la letrada comunicó a Anticorrupción que, una vez estudiada la causa, había indicado a su cliente que la única salida que tenía era colaborar con la Justicia.Y aunque en los últimos días se ha calificado a Julio Martínez Martínez como un «nuevo Aldama», al empresario le genera profundo rechazo esta comparación porque cree que sus perfi
España // elmundo
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