En el segundo trimestre de 2026, los agricultores cobraron un 4,01% menos, mientras sus costes subieron un 3,33%. La energía y los fertilizantes registraron las mayores subidas Leer
En el segundo trimestre de 2026, los agricultores cobraron un 4,01% menos, mientras sus costes subieron un 3,33%. La energía y los fertilizantes registraron las mayores subidas Leer
Cristóbal Cano (46 años) pertenece a una familia de olivareros de Alcalá la Real, en Jaén, cuya relación con el campo se remonta al menos a sus bisabuelos. Desde hace una década está al frente de la explotación donde asegura que ahora debe producir con insumos cada vez más caros mientras recibe menos por el aceite. Para contener los costes ha tenido que «reducir la aplicación de fertilizantes y desplazar superficie para la siembra porque no podemos trabajar a pérdidas», admite en conversación con EL MUNDO.. Según datos de Eurostat, en el segundo trimestre de 2026 los precios recibidos por los productores agrícolas españoles bajaron un 4,01% respecto al mismo periodo del año anterior, mientras los costes de los insumos aumentaron un 3,33%. La evolución fue menos favorable en el conjunto de la Unión Europea, pero respondió al mismo patrón: los productos agrícolas se abarataron en 20 de los 27 países miembros, mientras los insumos se encarecieron en todos.. A esta presión se añade el impacto económico de la sequía y las temperaturas extremas que no aparece como una partida independiente en las estadísticas, pero reduce las cosechas y aumenta los gastos de riego, energía y alimentación animal.. El encarecimiento de estos insumos no se traslada automáticamente al precio de venta. José María García Álvarez-Coque, profesor de Economía y Políticas Agrarias de la Universitat Politècnica de València, explica que «en productos frescos, con menos competencia internacional y más diferenciados por calidad, es más fácil repercutir en los precios al consumidor». También apunta que «lógicamente afecta el poder de negociación», aunque matiza que «no creo que este sea el caso de España frente a otros países».. Las comparaciones correspondientes al segundo trimestre de cada año muestran la inestabilidad de los precios agrícolas en España. En 2023, los precios recibidos por los productores aumentaron un 16,40 % respecto al mismo periodo del año anterior, mientras los insumos bajaron un 8,78 %. En 2024, ambos indicadores descendieron, los precios de venta un 3,54 % y los costes un 10,59 %. En 2025 volvieron a subir, aunque con distinta intensidad, un 3,54 % los precios recibidos y un 0,40 % los insumos.. El cambio más desfavorable se produjo en el segundo trimestre de 2026. Los agricultores recibieron un 4,01 % menos por sus productos, al tiempo que los bienes y servicios necesarios para trabajar se encarecieron un 3,33 %. Se abrió así una distancia de 7,34 puntos porcentuales entre ambos indicadores.. El encarecimiento de la actividad agrícola española se concentró especialmente en dos insumos. La energía y los lubricantes subieron un 25,82 % en el segundo trimestre de 2026 respecto al mismo periodo de 2025, mientras los fertilizantes y mejoradores del suelo aumentaron un 20,88 %. Ambos incrementos quedaron muy por encima del promedio general, situado en el 3,33 %.. Las demás partidas tuvieron variaciones más moderadas. Los productos fitosanitarios se incrementaron un 2,23 %, los gastos veterinarios un 2,15 %, y las semillas y el material de plantación un 0,30 %. Los piensos y alimentos para animales fueron la excepción, con una disminución del 3,01 %. Pero la subida de los costes no afecta a todos los productores por igual. Las explotaciones de regadío sufren más el aumento de la energía, mientras que las ganaderas dependen especialmente de los precios de los piensos.. José Ramón González, junto a parte de su ganado.El Mundo. José Ramón González conoce bien esta realidad. Tiene 50 años y trabaja en una explotación familiar de vacuno de carne en Verín, en la provincia de Ourense, vinculada a su familia hace al menos tres generaciones. Cuenta a EL MUNDO que la sequía redujo un 50% la producción de maíz en el norte y, aunque «el pienso no subió», sí aumentó el coste de la ración de los animales. «El cambio climático lo tenemos aquí, es absurdo negarlo. Los que estamos en relación con la naturaleza lo sabemos y creo que es fácil de observar», destaca.. Una situación que también percibe Cano desde su explotación de Olivar en Jaén. «Estas sucesivas olas de calor implican graves reducciones en nuestras cosechas y nuestras condiciones de cultivo».. A los efectos de la sequía se suma la presión del mercado europeo. «En Francia y en el norte de Europa hay escasez de alimentación para el ganado, con lo que están viniendo a comprar aquí y los precios están disparados», comenta. Esto ha generado que los productores locales tengan «dificultades para poder comprar alimentación». Como ejemplo, indica que la alfalfa, un forraje fundamental para el ganado, pasó de costar entre 90 y 100 euros por tonelada el año pasado a 320 euros este año.. Ambos productores coinciden en que el conflicto de Estados Unidos en Irán ha agravado aún más la situación. Cristóbal detalla que «el inicio de la guerra, allá por finales del mes de febrero de este año, desembocó en una crisis energética que implica un incremento en los fertilizantes y el gasoil agrícola». José Ramón añade que «el nitrógeno, que es una de las claves, viene mucho de Oriente Medio, donde está el conflicto con Irán y entonces hay mayores dificultades».. Las diferencias también fueron amplias entre los productos vendidos en España. Según Eurostat, los precios del porcino vivo cayeron un 17,78 %, los de las frutas un 14,87 %, y los de los cereales un 8,71 %. También bajaron los huevos un 3,78 %, las aves de corral un 1,81 % y la leche cruda un 0,51 %. En cambio, aumentaron los precios de las plantas forrajeras un 19,91 %, las hortalizas un 7,59 % y el bovino vivo un 1,85 %.. Esta diversidad ayuda a explicar por qué el promedio nacional no representa de igual manera a todos los productores. Álvarez-Coque señala que «España tiene un peso relativamente mayor de producciones mediterráneas como frutas y hortalizas, olivar o vino, de modo que el impacto sobre el índice agregado es diferente». También recuerda que la posibilidad de trasladar los gastos al precio final depende de la competencia internacional, la diferenciación por calidad y el poder de negociación de cada productor.. En el conjunto de la Unión Europea, el precio medio de la producción agrícola cayó un 5,79%, mientras el de los insumos aumentó un 4,73%, reduciendo los márgenes de los productores. El mayor desequilibrio se produjo en Lituania, Irlanda y Letonia, con caídas en los precios agrícolas entre el 14% y el 16% y aumentos de los costes de entre el 8% y el 16%. Dinamarca sufrió el mayor descenso de los precios recibidos, un 17,24 %, aunque sus costes crecieron mucho menos, un 1,83 %.. Malta, Portugal y Chipre fueron las excepciones, pues los precios de venta crecieron más que los costes de producción. En Francia e Italia, aunque los precios agrícolas apenas variaron, los insumos subieron un 7,71% y un 5,83%, lo que también aumentó la presión sobre los productores.. «No hablaría de una situación favorable para el agricultor español, sino de una evolución comparativamente menos negativa», resume Álvarez-Coque. La comparación con Europa suaviza el balance, pero no elimina las dificultades del campo español.
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