Desde que el pasado miércoles Dámaso Fernández se saltara una orden de alejamiento y asesinara a Laura Cruz en el cuartel de la Guardia Civil de Llanes donde ella vivía y trabajaba desde hacía años, este periódico ha tenido acceso a documentación policial y judicial que habla de ciertas grietas que no son específicas de ese caso, sino que son patrones que continúan produciéndose a la hora de tomar decisiones sobre la violencia que sufren las víctimas y, por lo tanto, en la protección que se les da. Entre ellas, una que distintas personas cercanas al proceso judicial han señalado como clave estos últimos días: la reiterada negativa de la justicia a condenar al exguardia civil por violencia de género habitual y por acoso, algo que la Fiscalía pidió desde el primer momento.. Seguir leyendo
La Fiscalía, a lo largo de todo el proceso judicial, recurrió para que el asesino de la agente fuese condenado por acoso y por violencia continuada con decenas de ejemplos de ese “asedio”, pero los distintos fallos lo absolvieron siempre de esos delitos
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Desde que el pasado miércoles Dámaso Fernández se saltara una orden de alejamiento y asesinara a Laura Cruz en el cuartel de la Guardia Civil de Llanes donde ella vivía y trabajaba desde hacía años, este periódico ha tenido acceso a documentación policial y judicial que habla de ciertas grietas que no son específicas de ese caso, sino que son patrones que continúan produciéndose a la hora de tomar decisiones sobre la violencia que sufren las víctimas y, por lo tanto, en la protección que se les da. Entre ellas, una que distintas personas cercanas al proceso judicial han señalado como clave estos últimos días: la reiterada negativa de la justicia a condenar al exguardia civil por violencia de género habitual y por acoso, algo que la Fiscalía pidió desde el primer momento.. Laura denunció a Dámaso después de que el 28 de julio de 2019 él se colara derrapando con el coche por la puerta del garaje del cuartel y le diera una paliza de una violencia que los archivos califican de “brutal” y “extrema”. Uno de los testigos, pareja de una agente de ese mismo cuartel, la llamó diciéndole: “Baja, baja, que un guardia civil casi mata a su mujer”. Estaban también delante su hijo ―que entonces tenía 11 años―, sus dos hijas ―gemelas, con seis― y otras tres personas, entre ellas otro guardia.. Ahí comenzó un proceso que se alargó hasta el 15 de julio del año pasado con hasta tres sentencias por distintos recursos: el de la Fiscalía porque solicitaba que se ampliaran los delitos por los que se le condenaba, y los de él porque quería ser absuelto. Sin embargo, esa paliza fue solo la escalada de otra violencia, no física sino psíquica, que había empezado mucho antes, en 2014, cuando se separaron.. Por eso el Ministerio Fiscal solicitaba el maltrato habitual y a eso refería este domingo en una entrevista la fiscal de Sala de Violencia sobre la Mujer, María Eugenia Prendes, cuando decía que “existía el testimonio de Laura y una serie de pruebas e indicios, muchísimos, que podían perfectamente haber sustentado la condena por el delito de maltrato habitual y el de acoso”.. Las pruebas e indicios. ¿Cuáles eran esas pruebas e indicios? Se extienden en decenas y decenas de folios de la documentación oficial y empiezan con la ruptura de la pareja, en abril de 2014.. Desde entonces, el acusado mantuvo “una actitud hostil hacia su expareja, y, dado que ambos continuaban destinados en el acuartelamiento de Llanes, este comportamiento obsesivo se traducía en numerosas quejas ante sus superiores y multitud de denuncias, hasta un total de 45, todas ellas archivadas excepto una que finalizó con sentencia absolutoria para Dª Laura”, se lee en la acusación del Ministerio Público. 45 denuncias contra ella entre 2015 y 2019.. ¿Razones? La primera que consta en una cronología del expediente de este caso es del 26 de enero de 2015, por retrasarse en llevarle a los niños cuando le tocaban a él porque tenían actividades extraescolares. El 10 de abril de 2017 le interpuso dos, la número 33 y 34, porque Laura los vio a la entrada del cole durante los días que le tocaban a él y paró a darles un beso.. La última que consta, del 23 de julio de 2019 ―cinco días antes de la brutal paliza que le dio―, porque no le dio el coche que compartían y que debía tener cada uno cuando le tocara estar con los niños, cuando el coche estaba aparcado en el sitio de siempre, solo que él no lo cogió.. “Tengo más denuncias que visitas”. De forma repetida la acusaba por cuestiones del vehículo y, sobre todo, de los menores. De “desprenderse de los hijos”, de ser “mala madre” o de no haberse “preocupado nunca” por ellos. A la vez, según consta en los documentos, él nunca agotaba el tiempo que judicialmente le tocaba por guardia y custodia. En 2015 acudió a verlos 40 de los 135 días de los que disponía; ese año, declaró Laura, fue el más duro: “Además de que los niños eran muy pequeños todavía [siete años el niño y tres las niñas], el trabajo físico y mental que me suponía tener que aguantar estas denuncias de una persona que solo entorpecía mi vida no aportando siquiera tiempo de estar con sus hijos era un sinvivir”.. Respecto a 2016, Laura dijo: “Tengo un total de 17 denuncias, solo 10 visitas a sus hijos en todo el año. Más denuncias que visitas, 39 de los 135 días que podía”. En 2017 los vio 47 días de los 133; en 2018 fueron 46 de los 136; en 2019, el año de la agresión, hasta julio, 44 días de los 95.. Entre la documentación también está que Dámaso “le quitaba la correspondencia del buzón, le sustrajo la documentación del vehículo cuyo uso se había adjudicado a los menores, le quitó el móvil y realizó capturas de pantalla de chats de WhatsApp que luego enseñaba a terceras personas”. Y la Fiscalía ahondó en que “trataba de controlarla y manipularla a través de sus hijos, anteponiendo su perverso interés al de los menores, a los que hacía partícipes de los innumerables incidentes que provocaba, instrumentalizándolos para satisfacer sus deseos de venganza contra su madre, sin dudar en perjudicarlos”.. ¿Cómo? Entre los ejemplos del Ministerio Público está que Dámaso “incumplía horarios, o los que fijaba eran de imposible cumplimiento por coincidir con su horario laboral o actividades previamente acordadas de los niños, o no avisaba con antelación suficiente ni de las entregas y recogidas ni de los periodos vacacionales, o bien denunciando que la actual pareja de su madre les maltrataba”.. Y hay un ejemplo con la pareja de Laura un día que iba con las niñas en el coche: Dámaso llegó “a bloquearle el paso en mitad de la calzada y exigirle en actitud abiertamente hostil la entrega de las llaves, gritando e insultando, provocando que las menores se echasen a llorar, muy nerviosas y asustadas dada la agresividad de su padre”. Episodio por el que Dámaso fue condenado, por coacciones.. “Dámaso, a lo largo de los años, insistía en su asedio”. Pero había más que denuncias contra Laura. Tampoco pagaba las extraescolares o las consultas médicas; la empobreció y la mantuvo atada a él a través de una hipoteca compartida que él se negaba a pagar y tampoco dejaba que ella se hiciera cargo; y emitió quejas internas dentro del cuerpo. La situación llegó a ser tal que un cabo del cuartel de Llanes abrió informe. En medio de todo el relato, se lee: “A juicio del mando que subscribe y a riesgo de equivocarse, la actual actitud de D. Dámaso no se explica si no es desde una clara obsesión por su expareja y un claro ánimo de perjudicarla, extremo este que hace unos meses confirmó D. Dámaso en conversación mantenida con él, en el que manifestó de manera expresa, clara, concreta y concisa que su único propósito iba a ser ‘joderla”.. Un mando de la Guardia Civil, casi medio centenar de denuncias interpuestas contra ella, testigos en el cuartel, entre familiares y amigos, distintos informes periciales y declaraciones de especialistas en violencia machista. Todos son relatos que hablaban de una violencia psicológica, económica y vicaria repetida y continuada. La fiscalía, sobre esto, afirmó que “Dámaso, a lo largo de los años, insistía en su asedio, entorpeciendo y boicoteando la vida cotidiana de su expareja con evidentes consecuencias en sus hijos, cuyos intereses el acusado obviaba de modo continuado”.. El hijo y compañeros de Laura, la agente asesinada por su expareja, también guardia civil, cargan el féretro durante su funeral en Llanes, Asturias, el 7 de agosto de 2026.Manu Brabo. Sin embargo, en los tres fallos se condena al exguardia civil ―abatido el día del asesinato por los compañeros de Laura― por malos tratos, lesiones y coacciones, pero se absuelve “a Dámaso Fernández Serantes del delito de acoso y del delito de violencia de género habitual por los que se formuló acusación”. Y no es lo mismo condenar a alguien por un hecho violento puntual que por algo continuado, por lo que significa cada uno y por las penas que pueden imponerse.. Ya solo la ubicación de ambos delitos en el Código Penal habla de esas diferencias. El puntual está regulado en el artículo 153, dentro del Título III, De lesiones; establece prisión de seis meses a un año. Y la violencia continuada está en el Título VII De las torturas y otros delitos contra la integridad moral, en el artículo 173.2: “El que habitualmente ejerza violencia física o psíquica será castigado con la pena de prisión de seis meses a tres años”. Y las horquillas, ambas, se imponen en su mitad superior “cuando alguno o algunos de los actos de violencia se perpetren en presencia de menores”, entre otros supuestos.. La condena final a Dámaso ―sentencia de la Audiencia Provincial de Oviedo del 15 de julio de 2025― fue de un año y ocho meses de cárcel; la privación de la tenencia y porte de armas durante cuatro años; la prohibición de aproximarse a su expareja a menos de un kilómetro y de comunicarse con ella durante cinco años; la prohibición de aproximarse a su hijo y sus hijas y de comunicarse con ellos durante tres años y la privación de la patria potestad durante tres años.. La Fiscalía quería tres años de prisión por el maltrato habitual y uno por el acoso y, en total, ocho años de alejamiento. Además de algo esencial en este tipo de violencia y que solo puede imponerse si se condena por malos tratos continuados: las medidas de libertad vigilada, que empiezan una vez se ha cumplido con la pena de prisión. Entre ellas, el Ministerio Público pedía “estar siempre localizable mediante aparatos electrónicos”, “la prohibición de ausentarse del lugar de residencia (Zamora) sin autorización judicial” y la “prohibición” de acudir y residir en Asturias.. Y Laura Cruz, su hijo y sus dos hijas tuvieron activa desde el 30 de julio de 2019 hasta hace apenas unos meses no solo una orden de protección impuesta por el Juzgado de Instrucción n° 1 de Llanes, sino también una de las llamadas pulseras antimaltrato, esta desde el 7 de julio de 2020. Pero cuando ella fue a pedir que no la dejaran seguir con la pulsera el 19 de diciembre de 2025, ante su inminente caducidad, la justicia no vio motivos “objetivos” de riesgo para hacerlo.. Tanto si esa decisión sobre la pulsera hubiese sido otra como si la justicia hubiese condenado a Dámaso por los delitos por los que la Fiscalía formuló acusación, hay algo que hubiese sido distinto. Es imposible afirmar que Dámaso no hubiese asesinado a Laura, pero habría habido al menos una línea más de protección del sistema para ella. Para ella que, además, la pidió.. En lo que va de año, 36 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas. Desde que arrancó la estadística oficial, en 2003, son 1.377 mujeres. Y ascienden ya a 26 los huérfanos y huérfanas menores de edad que se registran este año por esta violencia, 536 desde que se contabilizan, en 2013. El hijo mayor de Laura, ya con 18, no consta en esa estadística por ser mayor de edad.. El teléfono 016 atiende a las víctimas de violencia machista, a sus familias y a su entorno las 24 horas del día, todos los días del año, en 53 idiomas diferentes. El número no queda registrado en la factura telefónica, pero hay que borrar la llamada del dispositivo. También se puede contactar a través del correo electrónico 016-online@igualdad.gob.es y por WhatsApp en el número 600 000 016. Los menores pueden dirigirse al teléfono de la Fundación ANAR 900 20 20 10. Si es una situación de emergencia, se puede llamar al 112 o a los teléfonos de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062). Y en caso de no poder llamar, se puede recurrir a la aplicación ALERTCOPS, desde la que se envía una señal de alerta a la Policía con geolocalización.
