El equipo de Flick destroza a un desquiciado Valencia ante una grada volcada en protestar contra su directiva, con el hijo de Peter Lim en el palco. Leer
El equipo de Flick destroza a un desquiciado Valencia ante una grada volcada en protestar contra su directiva, con el hijo de Peter Lim en el palco. Leer
Lamine Yamal y Fermín bailarían en el mismísimo infierno. El Barça tiene en estos dos futbolistas indetectables, imparables, capaces de encadenar diabluras y destrozar rivales con un movimiento preciso y un golpeo letal. Si, además, les rodean la varita de Pedri o Dani Olmo y el colmillo de Raphinha salvan de cualquier caía. En 20 minutos, encarillaron el partido en los más parecido a una caldera del averno, por el calor y la humedad sofocante, pero también entendieron la brea que cubría Mestalla, una grada presa de la una frustración tan enorme que eligió protestar ante el hijo del propietario que les asfixia antes que alentar a un Valencia ridiculizado. No hay redención posible sin liberarse antes de Peter Lim. Mientras, todo se centrará en sobrevivir. [Narración y estadísticas: 0-5]. No necesitó el Barça apretar el acelerador para encontrarse con un partido plácido que le convierte en líder en solitario. En ocho minutos pudo haberlo sentenciado Lamine. Quiso Corberán poblar el área de piernas con medias blanquinegras sin recortar que defender por acumulación nunca es una buena idea. Y menos ante un genio que no tarda en encontrar la grieta de cualquier muralla. Flick no se lo guardó pese a las dudas. Lo mandó al campo a destrozar a Jesús Vázquez, con Fermín como escudero y rodeado de Pedri y Rodrigo, en su primera titularidad. Entre los cuatro armaron la jugada que acabó con Lamine recordando a Messi. Perfilado en el pico derecho del área pequeña, dirigió el balón con el exterior, dibujando una parábola a la esquinita del fondo de la red. Minuto 6 y la tumba del Valencia estaba abierta. Dos minutos después fue Pedri quien encontró entre líneas a Fermín que, lejos de ser egoísta, se la ofreció a Lamine para que fusilara. Se salvó el Valencia por fuera de juego, pero todo el estadio, como si quisiera hacer de grada de animación, y protesta, que iba a estar vacía hasta el minuto 19, comenzó a pedir la dimisión de Carlos Corberán.. Intentaba estirarse el Valencia y las ganas no eran suficientes. Ni la zancada de Javi Guerra ni los regates estériles de Jesús Vázquez, servían para nada. Ni siquiera el físico del canterano debutante Otorbi buscando sacar provecho de los errores, que lo tiene la zaga culé. Con la parroquia, asfixiada de calor, gritando contra Peter Lim, su hijo, Kiat, en el palco, y su CEO, Ron Gourlay, llegó el segundo. Otra vez Lamine se coló en el área, a trompicones sacaron los centrales, pero el rechazo lo cazó Gordon para dejarle de cara el disparo a Fermín. El duelo, sin exigencia, era perfecto para el onubense, pero volvió a ser Lamine quien obligó a Dimitrievski con una rosca al palo largo. Mestalla era su territorio, incluso cuando perdieron a Eric Garcia por romperse la nariz en un salto con Rodrigo en un córner.. Lamine festeja ante la frustración valencianista.K. FÖRSTERLINGEFE. Impotencia es lo que transmitían los jugadores del Valencia, como Danjuma pidiendo penalti por un empujón de Rodri. Las ocasiones seguían llegando en la otra portería, con Lamine gambeteando y colándose entre los centrales y Fermín estrellándose en el poste tras cocinarse una ocasión entre una maraña de defensores. El marcador se antojaba corto pero cómodo, tanto que Raphinha ni siquiera pidió un posible penalti tras el derribo de Maffeo.. En la segunda mitad, llegó el tanto del capitán, empujando a placer un centro chut de Fermín que se colaba en la portería. Fue Lamine quien encontró un boquete en la orilla izquierda del Valencia. Buscó protegerse, con oxígeno, porque el fútbol no lo encontró, seguía en los pies de los azulgranas. Un testarazo de Rodrigo al travesaño en un córner avisó de que aún tenía gasolina. Flick tocó entonces una tecla que Corberán no tiene: renovó a medio once y el hambre de jugadores como Dani Olmo o Adeyemi fueron determinantes. Llegó entonces el gol de Pedri, en una pared con Olmo, que también, con el exterior, le regaló el pase para que Lamine engordara sus números. Hasta Gabriel Jesús tuvo sus minutos en un Mestalla muy vacío que cerrará sus puertas habiendo visto más victorias del Barça que del Valencia en unos duelos ya muy desiguales.
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