El corredor del Visma fue más rápido que Pau Miquel y que el esloveno, que apretó para mantener el primer puesto de la general. Leer
El corredor del Visma fue más rápido que Pau Miquel y que el esloveno, que apretó para mantener el primer puesto de la general. Leer
La segunda etapa expresó que Pogacar quiere ganar la Vuelta llevando el rojo desde el principio. No de otro modo puede interpretarse que disputase la llegada en la cuesta que llevaba a la meta. No se desentendió del asunto y, tercero a la postre, obtuvo una bonificación de cuatro segundos, por detrás de Matthew Brennan, vencedor, y el sorprendente Paul Miquel (Bahrain).. Una cierta lógica conducía a pensar en una etapa en la que triunfase una escapada o, más lógicamente aún, en una jornada controlada por los equipos de esos velocistas capaces de aguantar un repechón. En otras palabras, el Visma de Van Aert, Brennan e incluso Laporte, y el Lidl-Trek de Pedersen. Se suponía que Pogacar no se metería en fregados secundarios y dejaría esas migajas a otras estrellas subalternas. Conservaría o no el rojo, según se resolvieran los acontecimientos. En cualquier caso, no lucharía por mantenerlo. No era una prioridad.. Pero no hay momentos de relax para quien no está dispuesto a dejar pasar ninguna oportunidad, por secundaria que sea. No es tanto, o no es sólo, una cuestión de avaricia o insaciabilidad, sino de la obligación autoimpuesta de responder a esa vergüenza torera, a ese imperativo profesional que consiste en ganar todo lo que pueda. No hay cálculos. No hay matices. Todo lo que pueda. Y puede mucho. Y puede todo. O casi.. Etapa francesa, larga, de poco más de 200 kms., entre Mónaco y Manosque, en la Alta Provenza, lo suficientemente quebrada como para catalogarla de media montaña. Etapa monótona con cuatro hombres inmersos en una dilatada fuga destinada a no llegar a ninguna parte: Koen Bowman (Jayco), Diego Uriarte (Kern Pharma), Ethan Hayter (Soudal Quick Step) y Sinuhé Fernández (Burgos Burpellet). Etapa reducida a los últimos tres y respigones kilómetros.. Hayter, empatado a tiempo con Pogacar en la general, dejó a sus compañeros en busca del bonificado sprint intermedio. Los seis segundos de premio lo colocaron como líder provisional. Van Aert cruzó en segundo lugar y amarró cuatro segundos. Estaba claro que luchaba ahí y lucharía allá, en la meta, para alcanzar el rojo. Conseguido su objetivo, Hayter se dejó atrapar (lo hubieran atrapado igual) y la carrera se adormeció a la espera de esos tres kilómetros epilogales.. A falta de uno, saltó Van Aert. Se le pegó Pogacar. No insistieron y un pelotón numeroso afrontó los últimos metros. Brennan fue un obús y supimos entonces que lo de Van Aert fue una maniobra de distracción, que él era el elegido por el Visma. Pogacar lo peleó. Se le coló Miquel, pero dejó atrás a Pedersen.. La tercera etapa, que acaba en Font Romeu, tiene un puerto de 1ª otro de segunda en la meta. Deducir que Pogacar puede vencer es cualquier cosa menos una elucubración. Es tan superior que no conoce el desgaste que a los demás afecta en mayor o menor medida. Y sin desgaste no hay más táctica que la del triunfo. La posibilidad de que el esloveno vista únicamente de rojo del primero al último día ha cobrado fuerza en el segundo.
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