Los incendios que han asolado Madrid, Ávila y Toledo han hecho saltar unas alarmas, que no han cogido de sorpresa a los científicos que llevan años advirtiendo del peligro. Estos grandes fuegos no son una excepción, ni se circunscriben a unas regiones concretas, ni van a desaparecer. En lo que va de año, hasta este martes, han ardido 173.000 hectáreas, seis veces más que en el mismo periodo del año pasado, y se han declarado 35 grandes incendios frente a los siete del año pasado. ¿Qué está fallando? Expertos en incendios sostienen que la única solución pasa por adaptarse a la nueva situación y apostar por la prevención a través de la gestión del paisaje. El abandono del medio rural ha transformado el territorio, favoreciendo la acumulación de vegetación. A ello se suma la expansión de urbanizaciones y viviendas dispersas en la interfaz urbano-forestal, donde el contacto entre las casas y el monte multiplica el riesgo y dificulta las labores de extinción.Seguir leyendo
Expertos advierten de que los grandes incendios son la nueva realidad y que la única manera de hacerles frente es adaptarse a ellos y gestionar el territorio
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Los incendios que han asolado Madrid, Ávila y Toledo han hecho saltar unas alarmas, que no han cogido de sorpresa a los científicos que llevan años advirtiendo del peligro. Estos grandes fuegos no son una excepción, ni se circunscriben a unas regiones concretas, ni van a desaparecer. En lo que va de año, hasta este martes, han ardido 173.000 hectáreas, seis veces más que en el mismo periodo del año pasado, y se han declarado 35 grandes incendios frente a los siete del año pasado. ¿Qué está fallando? Expertos en incendios sostienen que la única solución pasa por adaptarse a la nueva situación y apostar por la prevención a través de la gestión del paisaje. El abandono del medio rural ha transformado el territorio, favoreciendo la acumulación de vegetación. A ello se suma la expansión de urbanizaciones y viviendas dispersas en la interfaz urbano-forestal, donde el contacto entre las casas y el monte multiplica el riesgo y dificulta las labores de extinción.Menos incendios, pero más superficie afectadaNo hay más incendios, pero “queman con más intensidad, tienen mayor capacidad calorífica y son más difíciles de controlar”, explica Cristina Montiel, catedrática de Geografía en la Universidad Complutense y especialista en incendios. Las cifras respaldan ese cambio de comportamiento: aunque el número de fuegos ha disminuido un 33% respecto a la media de la última década, la superficie quemada ha aumentado un 8%, según WWF. La ONG conservacionista, que lleva más de 20 años analizando la evolución de los incendios forestales, advierte además de que la probabilidad de que uno de ellos se convierta en un gran incendio ha aumentado un 47%.“Detrás del nuevo escenario se encuentra la modificación de las condiciones meteorológicas debido al cambio climático, además de la modificación del paisaje”, explica Montiel. En el sistema anterior, la vegetación no se acumulaba porque el territorio tenía un uso agrícola y ganadero, pero ese modelo ha desaparecido. Los incendios en Madrid y en Ávila, como otros, reflejan esa nueva realidad. “Han coincidido con olas de calor que resecan la vegetación con temperaturas altísimas que no bajan por la noche”, añade Lourdes Hernández, responsable de incendios de WWF. A ello se suma que cada vez hay más pueblos, urbanizaciones y viviendas aisladas junto al monte, lo que multiplica el riesgo. “Se han primado los intereses estéticos dejando la seguridad en segundo plano, porque cada vez reside más gente en el medio rural, pero sin vivir de él”, comenta. Prevenir para no apagarEl fuego no va a desaparecer, porque forma parte de la dinámica natural de los ecosistemas. La solución es adaptarse y prepararse. “Lamentablemente, ninguna de estas dos cuestiones se está abordando de forma suficiente”, advierte la catedrática Montiel. Una tarea en la que se tienen que implicar Estado, comunidades autónomas y ayuntamientos, pero también la ciudadanía. “Nosotro
