Análisis de las tendencias mundiales que, tarde o temprano, afectarán a su bolsillo. Leer
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Si el tráfico de petroleros por el Estrecho de Ormuz es el 80% del que había antes de la guerra, ¿por qué no baja la gasolina? Por varias causas. Una: los barcos pasan Ormuz en convoyes nocturnos, antes de transferir su carga a otros barcos que les esperan fueran de la zona de guerra, lo que es carísimo. Dos: Michelle Brohard, jefa de riesgo político del gigante de los datos de commodities y transporte marítimo Kpler, sospecha que varios países del Golfo ya están pagando el equivalente del 10% al 20% de la carga de los barcos que cruzan el estrecho a Teherán. Tres: los costes del seguro y de los fletes de un petrolero que pase por Ormuz se han multiplicado por 40 desde que estalló la guerra. Y cuatro: los barcos llevan, sobre todo, petróleo crudo, ya que las refinerías de la región están dañadas y no pueden procesar gasolina, gasoil, keroseno, y gasóleo de calefacción, que es lo que consumimos.. Hasta ahora, Palantir, la empresa de software y Big data cofundada por Peter Thiel («no creo que democracia y libertad sean compatibles») y dirigida por Alex Karp («tenemos mucha ética… pero no te creas eso que acabo de decir») se había visto beneficiada por su proximidad a Trump y Netanyahu. Pero eso está cambiando. El primer ministro británico, Andy Burnham, quiere rescindir el contrato de 330 millones de libras (390 millones de euros) de Palantir con el servicio Nacional de Salud de Inglaterra en parte por esa afinidad ideológica de la empresa a Trump -que ve con simpatía el desmembramiento del Reino Unido- y en parte por su mala gestión, desvelada por Financial Times. Tampoco ayuda que la división británica de Palantir esté dirigida por el ex político conservador Louis Mosley, cuyo abuelo, Sir Oswald Mosley, no solo fundó en 1932 la Unión Fascista Británica, sino que se casó en la casa de Joseph Goebbels, con Adolf Hitler como invitado de honor.. Alex Karp. La economía de EEUU vive en parte de la inversión en Inteligencia Artificial. Pero las cifras de la IA no cuadran. Según el del profesor de la Universidad de Columbia Stijn Van Nieuwerburgh para el think tank Brookings Institution, entre 2025 y 2031, las empresas de IA estadounidenses van a invertir alrededor de 10,3 billones de dólares (9,2 billones de euros) en esa tecnología. Pero, para que todo ese gasto de capital sea rentable, los estadounidenses -empresas y consumidores- deberán gastar en IA tanto como en comer: el 8,8% del PIB. Es una cifra que multiplica por casi 7 el 1,35% del PIB que alcanzó el gasto en ordenadores en el momento álgido de la adopción de esa tecnología que, además, coincidió con la llegada de Internet, en los noventa. Por ponerlo en términos actuales, el 9% del PIB de EEUU es hoy 2,5 billones de euros anuales, o sea, más que las economías de España y Bélgica juntas. ¿Alguien cree que esas cifras pueden cuadrar?. «Si no me dais un tratamiento especial como cliente, no apruebo vuestra fusión». Ese es el mensaje de China a dos de las mayores mineras del mundo, la canadiense Teck y la británica Anglo American, que esperan concluir su fusión antes de marzo de 2027. La empresa resultante controlará el 5% del cobre mundial, muy por debajo de los niveles de entre el 10% y el 15% que suelen desencadenar acciones de defensa de la competencia. Así que la exigencia china es proteccionista. Ese país produce el 60% del cátodo de cobre -la principal forma de comercialización de ese mineral- y sus empresas están teniendo dificultades para abastecerse de la materia prima, que es concentrado de cobre. La solución de Pekín es exigir un tratamiento especial de la futura Anglo Teck para salvar a su sector. El pato lo acabarán pagando los competidores de China, especialmente aquellos que dependen de la importación de concentrado de cobre: la UE, Japón, y Corea.. Hace dos semanas, esta sección dedicaba uno de sus segmentos a la incapacidad de la burocracia estadounidense para permitir que los activos en el extranjero de la petrolera rusa Lukoil pasaran al fondo de private equity de Washington Carlyle. Ahora, el New York Times ha dado otra posible explicación, que no tiene que ver con la burocracia ni con la geopolítica, sino con la habilidad del círculo de Trump para sacar tajada a todo. Según el diario, el Gobierno de EEUU quiere que los activos de Lukoil fuera de Rusia -salvo Kazajistán- sean controlados, con la ayuda de una agencia del Estado de EEUU, por un grupo de empresarios entre los que hay varios de Oriente Medio vinculados a su viejo amigo Steve Witkoff, y a su yerno, Jared Kushner, que, casualmente, son los enviados especiales de Trump para la paz en… Ucrania y Oriente Medio. Mientras se dirime la disputa, las instalaciones de Lukoil seguirán en un limbo legal y tendremos menos gasolina.. La mayor empresa de carbón de India ha decidido que también debe buscar los minerales del futuro. El problema es que eso es más fácil de decir que de hacer. La empresa es Coal India, propiedad del Estado, que ha solicitado autorización al Gobierno de Singapur su primera oficina comercial fuera de su país en esa ciudad-Estado. Su objetivo es rastrear oportunidades en litio, tierras raras, bauxita y hierro, incluyendo adquisiciones de empresas en Chile, Argentina, Canadá, Australia y Ghana. Aunque India es el segundo mayor consumidor de carbón del mundo, con un espectacular 13,9% del total global, su economía se está transformando y cada vez necesita más minerales estratégicos. También juega el factor geopolítico: Delhi es muy independiente y ve con temor el control por China de esas materias primas. Pero el proyecto ha topado con los reguladores de Singapur, que, por el momento, no han dado luz verde a los planes de Coal India en su territorio.
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