
Morir en España no garantiza poder ser enterrado aquí. Así lo refleja la investigación Los datos cuentan otra historia, elaborada por la asociación Entierro Digno, que se ha presentado este jueves en Madrid y que pone cifras a las dificultades de muchas familias musulmanas para dar sepultura a sus seres queridos conforme a sus creencias religiosas. La entidad ha catalogado 44 espacios funerarios islámicos en todo el país, pero solo 14 cuentan con datos verificables sobre su capacidad. Maysoun Douas, portavoz de la organización, advierte de que alrededor de 8.000 municipios carecen de un cementerio islámico habilitado o de una parcela planificada. En otras palabras, solo dos de cada mil cementerios están habilitados para enterrar a una persona musulmana, pese a que los musulmanes representan en torno al 5% de la población española. A la falta de infraestructuras se suman la escasez de información pública sobre los espacios disponibles y las desigualdades territoriales en los costes que afrontan las familias, que pueden llegar a multiplicarse por seis según el lugar del entierro, de acuerdo con el estudio.
La asociación Entierro Digno denuncia que la falta de espacios habilitados para su fe aboca a algunas familias a repatriar a sus seres queridos o enterrarlos en otra comunidad autónoma
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Morir en España no garantiza poder ser enterrado aquí. Así lo refleja la investigación Los datos cuentan otra historia, elaborada por la asociación Entierro Digno, que se ha presentado este jueves en Madrid y que pone cifras a las dificultades de muchas familias musulmanas para dar sepultura a sus seres queridos conforme a sus creencias religiosas. La entidad ha catalogado 44 espacios funerarios islámicos en todo el país, pero solo 14 cuentan con datos verificables sobre su capacidad. Maysoun Douas, portavoz de la organización, advierte de que alrededor de 8.000 municipios carecen de un cementerio islámico habilitado o de una parcela planificada. En otras palabras, solo dos de cada mil cementerios están habilitados para enterrar a una persona musulmana, pese a que los musulmanes representan en torno al 5% de la población española. A la falta de infraestructuras se suman la escasez de información pública sobre los espacios disponibles y las desigualdades territoriales en los costes que afrontan las familias, que pueden llegar a multiplicarse por seis según el lugar del entierro, de acuerdo con el estudio.
La falta de información pública sobre la disponibilidad de estos espacios dificulta conocer el alcance del problema. Douas considera que los datos sobre los cementerios islámicos deberían incorporarse a las categorías sujetas a transparencia. “No tiene por qué recaer en una asociación la tarea de perseguir a los ayuntamientos para conocer cuáles son los servicios que ofrecen al conjunto de la ciudadanía y no solo a una parte”, sostiene. La portavoz de Entierro Digno destaca que muchas familias no disponen de información clara para organizar el entierro de sus seres queridos y se encuentran, tras el fallecimiento, con que las administraciones locales no han previsto servicios adaptados a sus necesidades.
Mónica García, ministra de Sanidad, ha respaldado la necesidad de disponer de datos sobre los espacios habilitados en España para el entierro de personas musulmanas conforme a los preceptos del islam. “Estamos hablando de convivencia, estamos hablando de vecindad, estamos hablando de lo que les pasa a nuestros hermanos, hermanas, nuestros familiares, nuestros vecinos y nuestras vecinas y de respetar la manera en la que cada uno se despide”, ha afirmado García, quien considera esencial tener acceso a esta información. Durante la presentación del informe, celebrada en Ecooo, en el centro de Madrid, la ministra ha asegurado que el Ministerio se ha reunido con la asociación Entierro Digno para atender las necesidades de la comunidad musulmana en materia de sepultura. “Desde el Ministerio, hemos querido poner nuestro granito de arena y espero que no solamente encontréis consuelo, sino que además encontréis las necesidades y las instituciones para poder resolver un problema tan básico como es cómo y dónde podemos enterrar a los vuestros”, ha añadido.
Douas explica que para las familias musulmanas es importante respetar los preceptos del Islam también después de la muerte. Los ritos funerarios establecen que el cuerpo debe descansar en contacto con la tierra, por lo que se rechazan los nichos y las fosas comunes. Sin embargo, en España solo se permite la inhumación sin féretro en siete de las 19 comunidades y ciudades autónomas, entre ellas Galicia, Asturias, Castilla y León, la Comunidad Valenciana y Andalucía. Además, la tumba debe estar orientada hacia La Meca, con el cuerpo recostado sobre el lado derecho.
La distribución de estos espacios es desigual entre comunidades autónomas. Andalucía es la comunidad con más espacios habilitados para enterrar a los fallecidos conforme a los ritos funerarios islámicos, con 11. Le siguen Cataluña, con cinco; la Comunidad Valenciana, con cuatro; y Castilla y León y el País Vasco, con tres cada una. Canarias y Madrid cuentan con dos, mientras que Murcia, Navarra, La Rioja, Galicia y Asturias disponen de uno. En el extremo opuesto, Extremadura, Cantabria y Castilla-La Mancha figuran como “desiertos funerarios” en el informe de Entierro Digno, al no contar con espacios habilitados. Madrid, pese a tener dos recintos catalogados, tampoco dispone de plazas operativas, según la entidad.
Douas señala que la falta de espacios funerarios es una de las principales causas por las que algunas familias optan por la repatriación. “Si vives en Extremadura, Madrid o Castilla-La Mancha, estás obligado sí o sí a repatriar el cadáver o a irte a otra comunidad autónoma”. A ello se suma el coste, que en algunos casos puede hacer que trasladar el cuerpo al extranjero resulte más barato que enterrarlo en España. Douas recuerda que muchas personas no tienen vínculos con el país al que trasladan a sus seres queridos: “Hay muchísimas personas musulmanas españolas cuya familia entera está en España”.
El precio de los entierros musulmanes también varía considerablemente según el territorio. La media española se sitúa en 2.545 euros, según el estudio. Madrid encabeza la lista de comunidades con el coste más elevado, con una media de 4.450 euros, seguida de Extremadura (3.800), Castilla-La Mancha (3.100), Baleares (2.965), Aragón (2.677) y el País Vasco (2.650). El cementerio privado Alsalam, en Chiva (Valencia), cobra alrededor de 3.000 euros por unidad de enterramiento. En el otro extremo se encuentran Andalucía, con una media de 1.548 euros, y Ceuta y Melilla, donde el precio se sitúa en 900 euros.
En algunos casos, la repatriación del cuerpo resulta más económica para las familias que enterrarlo en España. Según el informe, en Madrid trasladar el cadáver al extranjero cuesta unos 4.000 euros. El estudio estima que las familias musulmanas asumen íntegramente 17,7 millones de euros anuales en gastos funerarios. Además, advierte de que las concesiones de corta duración generan costes recurrentes y el riesgo de que los restos tengan que trasladarse al vencer el plazo.
Douas recalca: “La repatriación no es una solución para todos”. Recuerda que, además de las personas musulmanas que llevan años viviendo en España, están sus hijos y nietos, que han crecido en el país y apenas conocen Marruecos. A ellos se suman los españoles de nacimiento que se convierten al islam y que también quieren que se respeten sus creencias después de la muerte. Para estas personas, ser enterradas en España no es solo una cuestión de proximidad, sino de poder recibir sepultura conforme a su fe sin tener que renunciar a permanecer en el país al que consideran su hogar.
Entierro Digno ha presentado también el tráiler del documental Descansa en paz, que parte de una pregunta: “Si me muero, ¿dónde me vais a enterrar?”. A través del testimonio de personas que han tenido que afrontar el entierro de un ser querido, la película aborda las dificultades para dar sepultura a los fallecidos conforme a sus creencias religiosas y la falta de espacios adecuados para ello. La portavoz de la asociación, Maysoun Douas, ha explicado que la iniciativa busca llevar el documental a municipios, asociaciones y universidades para dar visibilidad a una realidad que considera silenciada.
La portavoz de la asociación ha aprovechado también el evento para presentar Sakina, un chatbot conversacional de acceso público que busca ayudar a responder a la pregunta de dónde enterrar a un ser querido. Douas ha invitado a los asistentes a probar la herramienta, que se encuentra en versión de prueba. En esta fase, las conversaciones no se almacenan, por lo que cada vez que se accede es necesario reiniciar el proceso.
